El juego de rol no es una democracia: La verdadera autoridad del DM
- Andres Felipe Gomez Montoya
- hace 8 horas
- 3 Min. de lectura
En el ecosistema de los juegos de rol, existe una verdad que muchos prefieren ignorar: la mesa de juego no es una democracia; es todo lo contrario. Es aquí donde, después de muchos años de experiencia, un Director de Juego (DM) logra transitar por diversas etapas evolutivas hasta entender su verdadero propósito en la mesa.
Las etapas del Director de Juego: Del Tirano al "Paupérrimo"
Un DM experimentado ha pasado por todas las facetas. Una de ellas es la etapa de tiranía absoluta, cuando se sienta en el ego de su posición y, sencillamente, aplasta cualquier nueva idea o la individualidad de un jugador. Es el director que impone su visión por encima del disfrute colectivo.
En el otro extremo encontramos la etapa del paupérrimo. Es aquel DM que se deja vencer por el «qué dirán» y por todos los clickbaits que encuentra en redes sociales, decidiendo doblegarse a todo lo que sus jugadores proponen. Es un ser que da lástima porque ha perdido su brújula. Muchos DMs orbitan entre una y otra posición durante años hasta que, finalmente, encuentran un lugar de equilibrio.
Sin embargo, alcanzar este equilibrio no significa simplemente tomar retazos de ambos extremos; significa, más bien, lograr entender a cabalidad cuál es su papel fundamental en la mesa.
El DM como Juez: Autoridad frente al beligerante moderno
En los juegos de rol no existe la democracia; existe un marco reglamentario dentro del cual se encasillan cientos de historias. El DM es el juez, el árbitro que conoce las reglas y que tiene un objetivo muy claro: prolongar la historia y hacerla comprometida y retadora.
Como tal, el rol del DM es crítico, tenaz y —a los ojos del beligerante moderno— opresivo. Esto no significa que no existan las discusiones o los espacios para hablar y crear juntos, que son la propia esencia de este pasatiempo. Aquí me refiero al juego puro: a la sesión, al momento de lanzar los dados e interpretar las situaciones.
Me refiero a los jugadores que no aceptan las decisiones del DM, amparados en un sentir ideológico moderno sembrado en la mente de toda una generación. Un sentir en el que es más importante lo propio, el egocentrismo y la comodidad individual que el bien común de la aventura.
El poder del Árbitro y el respeto a las Reglas
Ahora bien, aunque el DM es una figura de total autoridad en la mesa, los jugadores están allí para interpretar sus personajes y dejarse guiar por su árbitro. En este espacio, las reglas también hacen una presencia ruidosa.
El DM conoce las reglas, las estudia y las aplica. Su poder no debe alcanzar para cambiarlas sin previo aviso, por respeto no solo a los creadores del juego, sino a sus jugadores y, más aún, a la decencia y al sentido común.
Las reglas son la órbita donde flota la diversión justa para todos. El objetivo es que las decisiones de los jugadores sean lo que verdaderamente cause las consecuencias en la historia, y no una mala lectura de las reglas por parte del DM.
Conclusión: Evolucionen de Narradores a Líderes
Así que, colegas DMs, evolucionen y no se queden en los estados más bajos de su ser. Recuerden que son árbitros y, sobre todo, líderes. Avancen en la capacidad de entender su rol con firmeza y respeto.
Y si eres jugador y conoces de manera íntima tu beligerancia o tu incapacidad para aceptar autoridades, busca ayuda antes de sentarte a la mesa de juego. Evítales situaciones incómodas a tus colegas jugadores. Recuerda: en los juegos de rol, siempre tendrás un líder y serás un seguidor.
!Saludos!.
¿Estás de acuerdo con la jerarquía en la mesa?
Parcialmente. El DM es un árbitro, pero hay democracia
En desacuerdo. el DM es un facilitador mas
Totalmente. El DM es el líder y su autoridad es necesaria


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