Agatha: La llamada del borde Capitulo 1: La herida
- Ciaran. D'ruiz

- 29 jun
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Capítulo 1: La herida.
De no ser por la habilidad del piloto, todos los presentes olvidarían fácilmente que se encontraban en una caja de metal que volaba por el espacio. Donde un solo error en alguna maniobra podía terminar con todos los presentes falleciendo antes de siquiera percatarse de alguna falla. Ante ello, durante el trayecto, algunos solían distraerse con conversaciones sobre algún tema general que nunca llevaría a nada; en compartir recuerdos de sus experiencias previas durante navíos o en las estaciones de paso, de la misma forma que había quienes solo se dedicaban a revisar el equipamiento asignado.
Repasaban armas láser, un rifle y pistola MK144 reglamentario, sin modificaciones; se ajustaban las armaduras de explorador simple para resistir las temperaturas del espacio y con un nivel de defensa medio; no evitaría la muerte por calibres y daños extremos, pero tampoco dejaría desprotegido a su portador en un combate. Aunque hubo quienes señalaron el motivo de usar dicho equipamiento, la respuesta recibida fue tan tajante como quien la pronunció: — No se gastarían recursos, armamento ni armaduras de mayor grado para unos simples carroñeros. —Señaló Harren a Nikell al decirlo. — Y solo vamos a revisar un navío abandonado; no hay señales vitales en su interior ni de sistemas en funcionamiento, por lo que no habrá ningún peligro dentro. Solo entrarán, revisarán y señalarán todos los elementos valiosos para su posterior recolección por parte de los servidores.
Todos los presentes dudaron de las palabras del oficial, lo único que le importaba a la mayoría. Aunque no eran escasas las historias sobre naves destruidas que terminaban con el tiempo juntándose con otros escombros espaciales, que con el tiempo llevarían a la formación de grandes cementerios de naves que viajaban por el espacio. Formándose en su interior guaridas de carroñeros, piratas o nidos de criaturas que las tomarían como hogar.
Al saber que no obtendrían mayor información, continuaron con las conversaciones, salvo una persona, quien se mantenía firme en revisar un holograma de la nave a la cual se dirigían. A diferencia de Harren que continuaba revisando una planilla de datos y reportaba cada tanto algún fragmento de información por un comunicador en su oreja. Andreus revisaba un holograma de la nave a la cual se dirigían.
De si quería ser discreto o guardarse información al respecto, no importaba ya, porque podía observar tanto el holograma como los datos que se marcaban en tonos anaranjados que señalaban diversas partes de la nave, llegando a recitar en voz baja cada uno de ellos: — Un carguero de asalto clase Aestus; longitud de 4.8 kilómetros y tripulación estimada de doce mil almas. — Repitió cada uno de esos datos sin apartar la mirada del holograma, el tiempo suficiente para que el ruido a su alrededor cesara y terminara captando la atención.
— ¿Comandante? — La voz de Harren mantenía el mismo tono formal, pero ahora, con un sentido de duda al hacerlo. — He hablado con los dos grupos de la expedición.
— ¿Quiénes fueron seleccionados? — Andreus apagó el holograma antes de guardarlo en el interior de su traje.
— Matta la gris, es conocida por sus años de servicio en la nave. Siempre que ha estado a cargo de un equipo, no ha perdido ni una sola vida a su lado. Y junto a ella, el capitán Sohoo; es joven, pero es conocido por mantener la moral de sus hombres.
— Había solicitado a Siberian que estuviera a cargo del segundo equipo.
— Se enfermó antes de la misión; actualmente sigue en la enfermería de la nave.
La conversación de ambos duró menos de lo esperado una vez la voz del piloto se hizo presente, anunciando que los tres grupos serían divididos por zonas. Matta la gris se encargaría de revisar el puente de mando en busca de información; Sohoo se centraría en la zona del comedor y camerinos de los tripulantes, dejando al último grupo, centrarse en la bahía de carga. Aunque los presentes no mostraron señal de desagrado, la sola idea de que Andreus figurara parte del destacamento, era suficiente para que los rumores se extendieran entre el equipo de Harren.
Todos partieron desde el mismo motivo: que el comandante de la nave se hubiera unido a un grupo de carroñeros para revisar un navío destruido era, en el mejor de los casos, una excentricidad; en el peor, una señal de que algo en la situación no era lo que Harren les había descrito. Ni motivo por el cual los habrían contratado. Nadie lo dijo en voz alta, pero tampoco hizo falta. Bastaba con observar cómo los voluntarios se miraban entre ellos cada vez que Andreus hacía algo tan ordinario como consultar su comunicador, como si esperaran que el gesto ocultara información que a ellos no les habían dado. Nikell, fiel a su naturaleza, fue el primero en intentar sacar algo en claro.
— Oye. — Se dirigió a Tev, quien ocupaba el asiento de al lado con la postura de alguien que lleva toda la vida sentado en espacios reducidos y ha encontrado la forma de hacerlo sin incomodar a nadie. — ¿Tú sabías que él vendría?
Tev no respondió de inmediato. Tenía la costumbre de tomarse un momento antes de hablar, no por falta de respuesta, sino que solía tomarse extensos periodos de tiempo antes de decir algo, primero observando de arriba hacia abajo a su interlocutor antes de decir algo. Algunos atribuían dicha excentricidad a los orígenes del muchacho, quien había nacido y crecido en las entrañas de La Balada, donde el ruido constante de los motores era la única melodía que escuchaban los que existían en los compartimientos olvidados de la nave, donde pocas veces la guardia y los oficiales se acercaban a revisarlos. Eran incluso más escasos quienes, nacidos en las entrañas de la nave, tenían la oportunidad de ascender a las cubiertas superiores, siendo estos últimos quienes más sufrían en un intento de adaptarse a lo que existía más allá. Por lo que, cuando respondió, lo hizo sin mirar a Nikell.
— Sabía que alguien importante vendría. No sabía quién. — Hizo una pausa antes de añadir — Tampoco pregunté.
— Pues deberías haber preguntado. — Nikell se recostó en su asiento con esa confianza de quien considera que su curiosidad es un servicio público. — Una cosa es revisar una nave destruida y otra hacerlo con el hombre que tiene el poder de matarnos a todos bajo su mando mirándote trabajar. Eso cambia la naturaleza del contrato, ¿no?
El muchacho no respondió; tan solo lo volvió a mirar antes de terminar de ignorarlo. Los ojos grises del chico contrastaban con el cabello azabache del mismo, sin contar la piel pálida del mismo. Simplemente se limitó a existir en el espacio en que se encontraban, donde a algunos les preocupaba la velocidad de la lanzadera y en breves intercambios los movimientos bruscos de la misma; para el joven, era tan natural como si se tratara de un arrullo antes de dormir. Algo que no fue del agrado del otro extremo de la cabina, donde Boran y Essa intercambiaron algo en su lengua. No fue más que dos o tres palabras, dichas en voz baja con la eficiencia de quienes llevan tanto tiempo comunicándose así que han reducido el lenguaje a lo estrictamente necesario.
Nadie en el grupo entendió qué dijeron, y tampoco se tomarían la molestia de hacerlo. Ya era difícil aceptarlos en el mismo espacio que ellos, aún más cuando la duda de si eran humanos reales, mutantes o simplemente alienígenas de alguna raza sin clasificar, independiente de eso, no habían hecho nada para merecer la desaprobación de la tripulación, pero tampoco para ganársela, ya que, con ver su piel amarillenta y su mirada extrañada, incomodaba a quien intentara hablarles. Incluso Vael, que había estado limpiando por segunda vez el cañón de su pistola con el mismo trapo de siempre, levantó la vista hacia ellos un momento antes de volver a lo suyo.
— Da igual quién venga. — Dijo sin dirigirse a nadie en particular, con ese tono plano que usaba para cerrar conversaciones que consideraba improductivas. — El trabajo es el mismo.
— El trabajo es el mismo, sí. — Nikell sonrió sin que la observación de Vael le quitara nada. — Pero las consecuencias de hacerlo mal no lo son.
— Solo limítate a hacer lo que ordenen y saldremos de esta. — Intervino Salomón en busca de un espacio para sentarse, aún incómodo al ajustar el guantelete de la armadura de exploración. — Es lo único que importa.
— No, lo único que importa es saber qué harás con el pago que nos darán. El beneficio que ofrecen es mucho más que por un contrato cualquiera.
— ¿Qué esperabas? Es un comerciante el que nos ha contratado. — Vael enfundó la pistola una vez se aseguró de que estuviera lista para su uso. — Solo los comerciantes y nobles pueden permitirse gastar tanto en una misión así.
—También los piratas lo hacen y los contrabandistas, o, ¿crees que lo has olvidado? — Nikell hizo un gesto comparando ambas posturas. — ¿Tú qué crees que sea Andreus? ¿Un comerciante errante? ¿Un noble exiliado o un pirata?
—Será mejor que no te escuche si dices eso. —Añadió Vael interrumpiendo al idiota. — Esa imprudencia hará que te maten.
— Quizá o quizás no, pero no han respondido mi pregunta. — Sonrío al decir eso último. — Entonces, ¿qué crees que sea grandulón?
Había escuchado suficientes historias en la galaxia de individuos que eran similares a Andreus. Algunos eran simplemente exploradores millonarios que se atrevían a adentrarse en los rincones desconocidos de las fronteras en busca de riquezas y artefactos olvidados. Otros eran simplemente exiliados de los segmentos señalados, algunos de los imperios, otros del nexo; sin contar aquellos que vivían como marginados en los sistemas desconectados donde los piratas eran los reyes, sin contar aquellas zonas en guerra eterna entre facciones. Al levantar la vista y observar a Andreus, le era difícil distinguir qué rasgo era el verdadero, si era un noble, un pirata o un comerciante; independiente de lo que fuera, no había generado motivos para desconfiar del hombre, aunque eso no daba respuesta a la pregunta planteada.
Al intentar responder, su voz terminó en el olvido cuando las palabras del piloto resonaron por el comunicador interno, anunciando que en pocos minutos estarían en posición de entrada al navío de asalto. La conversación murió sola, reemplazada por el tipo de silencio que ocurre cuando una cabina entera decide al mismo tiempo que es mejor prepararse que seguir hablando. Los que habían dejado el equipamiento a medias volvieron a él. Los que ya lo tenían listo lo revisaron una vez más. Tev se limitó a ajustar el cierre del casco con un movimiento que sugería que lo había hecho miles de veces, porque probablemente lo había hecho, solo que en otros pasillos y con otras personas. Los hermanos Boran y Essa se acercaron a sentarse junto a los demás, sin intercambiar palabras con alguien más. Dejando a Vael, Nikell y Salomón mirándose entre ellos con la pregunta de qué sucedería a continuación.
Andreus no se movió de su posición hasta que la lanzadera comenzó a desacelerar. Solo entonces guardó el comunicador, se puso el casco y miró hacia la ventana lateral más cercana, donde la nave destruida ocupaba ya todo el campo visual disponible. Cuatro puntos, ocho kilómetros de acero muerto que llenaban el horizonte con la misma indiferencia con que cualquier estructura abandonada ocupa el espacio que nadie más ha reclamado. De colores oscuros, metálicos, con restos que se movían alrededor de la estructura, ocultando la luz de las estrellas cercanas, dejando una gran sombra a su paso, la misma donde se verían envueltos en cuestión de segundos. Engulléndolos sin misericordia.
La brecha en el casco no había sido diseñada para recibir visitas. Era una herida, no una puerta. La herida tenía bordes retorcidos hacia afuera que tenían la forma específica de algo que había sido empujado desde adentro con una fuerza que el material no estaba preparado para contener: —Debió ser una gran explosión. — Dijo Tev sin que nadie más le prestara atención. Una vez que señalo los bordes de la misma con un dedo. La lanzadera entró despacio, con el piloto manejando los propulsores laterales para mantener distancia de los bordes sin perder posición, y el sonido del casco rozando el campo magnético de la apertura llegó como una vibración baja que los presentes sintieron más en el pecho que en los oídos.
Tev fue el único que no reaccionó a esa vibración. Los demás lo hicieron de formas distintas. Comenzando con Nikell quien tensó los hombros, Vael detuvo el movimiento de las manos sobre su pistola, los hermanos se miraron brevemente, pero Tev simplemente continuó mirando hacia adelante, como si el sonido perteneciera a una categoría de cosas que su cuerpo había decidido ignorar hace mucho tiempo. Harren lo notó, aunque no dijo nada al respecto. Y tanto Salomón como Andreus, ni siquiera se inmutaron.
La lanzadera se detuvo dentro de la brecha, flotando apenas por encima de lo que en algún momento había sido un corredor de servicio. Desde las ventanas podía verse el interior de la nave extendiéndose en ambas direcciones. Donde lo único que se observaba era la oscuridad interrumpida por los destellos de objetos que captaban la luz de los sistemas de iluminación de la lanzadera y la devolvían en ángulos distintos. Fragmentos de metal. Piezas de equipamiento y objetos de carga, todas flotando en diversas direcciones, aún buscando el lugar al que pertenecían originalmente, pero ahora, solo, suspendidas en posiciones que la gravedad ausente había convertido en permanentes.
— Grupos de comunicación activos. — La voz de Harren llegó por el canal interno del equipo antes de que las puertas traseras terminaran de abrirse. — Matta, confirmación de entrada.
— Confirmado. — La respuesta de Matta la gris llegó sin demora, con el tono de quien ha dado ese mismo parte más veces de las que recuerda. — Sector norte, acceso al puente de mando en aproximadamente ocho minutos. Sin incidentes.
— Sohoo, confirmación.
— Confirmado, oficial. — La voz de Sohoo tenía un entusiasmo levemente inapropiado para las circunstancias, aunque no por inexperiencia, sino por temperamento. — Sector de popa, acceso a zona de tripulación. Ya identificamos tres unidades de almacenamiento selladas en el primer corredor. Con suerte, hay algo que valga la pena ahí dentro.
— Sohoo. — El tono de Harren fue suficiente.
— Entendido. Sin novedades adicionales.
Las puertas traseras terminaron de abrirse y el vacío parcial de la nave entró con ellas, no como corriente, sino como ausencia; la diferencia entre el aire reciclado de la lanzadera y la nada que habitaba los corredores destruidos era inmediata y física, perceptible incluso a través del sellado del traje. Los primeros en salir fueron Harren y Boran, activando los anclajes magnéticos de las botas en cuanto sus pies encontraron la superficie del corredor. Essa los siguió un paso atrás, con la misma economía de movimientos de su hermano, sin mirar hacia los lados porque ya había mirado desde la ventana y había decidido lo que necesitaba saber.
Andreus salió tercero. Se detuvo un momento en el umbral de la puerta, con una bota dentro y otra afuera, y miró el corredor en ambas direcciones antes de terminar de salir. Un rasgo que no sabrían interpretar del hombre, quien una vez tocó el suelo de la nave, no dio órdenes, tampoco señaló o dijo algo; simplemente se detuvo un momento para ver cuánto le rodeaba antes de caminar hacia un extremo de la sala con paso seguro. Detrás del salió Nikell quien le tomó esfuerzo adaptarse al cambio de gravedad y al peso de las botas, terminando de avanzar con el apoyo de Vael. El último en salir fue Salomón, quien comprobó el cierre de la puerta trasera antes de activar sus propios anclajes.
Tev en cambio, saltó directamente al corredor sin usar la rampa de salida, aterrizando sobre el metal con una precisión que no necesitó de los anclajes magnéticos para mantenerse en posición. Varios del grupo lo miraron. Él no lo notó, o decidió que no valía la pena notarlo, y empezó a caminar hacia adelante con la naturalidad de alguien que lleva toda la vida moviéndose en espacios donde la gravedad es una sugerencia más que una ley.
— Nacido de cubierta. — murmuró Nikell en voz baja, más para sí mismo que para alguien más, aunque Vael lo oyó y asintió una sola vez sin comentar nada.
Harren los llamó al orden con un gesto antes de que la observación de Nikell pudiera convertirse en conversación.
— Escuchen. — Se colocó al frente del grupo con la tablilla de datos en una mano y el otro brazo señalando hacia el corredor que se abría ante ellos. — La bahía de carga está en el sector central inferior de esta nave. El camino más directo está bloqueado por el colapso de la cubierta tres, por lo que tomaremos la ruta alternativa por los corredores de servicio del flanco derecho. Avanzamos en columna de a dos, sin separarse más de tres metros del compañero de adelante. Cualquier hallazgo se reporta antes de tocarlo. — Hizo una pausa para mirar al grupo completo antes de continuar. — Boran y Essa van de punto. Tev y Kael, retaguardia. Salomón, con el comandante. El resto, en medio.
Nadie preguntó quién era Kael hasta que un hombre de complexión media y movimientos calmados se separó levemente del grupo central para posicionarse junto a Tev sin necesidad de que se lo repitieran. Había estado tan en silencio durante todo el trayecto que varios del grupo lo habían procesado simplemente como parte del fondo, lo cual probablemente era exactamente lo que él prefería. Y sin más órdenes dadas, comenzaron a avanzar por las entrañas del navío. Lo primero que registraba el ojo, antes que cualquier otra cosa, era lo que flotaba. No solo escombros pequeños, sino objetos de escala completa. Comenzando con una sección de muro del tamaño de una puerta girando despacio en el centro del corredor, obligando al grupo a rodearla en fila; una mesa de trabajo con las patas dobladas hacia arriba como si alguien la hubiera lanzado al techo y la gravedad hubiera desaparecido antes de que cayera; una hilera de iluminación de emergencia, todavía encendida en un tono rojo que nadie había apagado porque no quedaba nadie para hacerlo, proyectando sombras que se movían con cada objeto flotante que cruzaba entre la luz y la pared. El efecto era el de caminar dentro de algo que todavía no había terminado de caer, un momento suspendido que se había extendido más de lo que la física debería haber permitido.
Boran redujo el paso frente a una intersección y levantó el puño cerrado sin mirar atrás. El grupo se detuvo. Essa se colocó a su lado y los dos miraron hacia el corredor de la derecha durante un segundo que se extendió lo suficiente para que Nikell empezara a abrir la boca. Vael lo detuvo con una mano en el brazo antes de que dijera algo. Boran y Essa intercambiaron dos palabras en su lengua y luego Boran bajó el puño y siguió avanzando, como si la intersección hubiera resultado satisfactoria según criterios a los que el resto del grupo no tenía acceso a evaluar.
— ¿Qué vieron? — preguntó Salomón en voz baja cuando el grupo volvió a moverse.
— Nada. — respondió Essa sin girarse, con un acento que colocaba las palabras en posiciones ligeramente distintas a las que cualquiera del grupo habría elegido. — Por eso seguimos.
— Pensaba que no hablaban en la lengua común.
— Lo hacemos, pero es más fácil el Teserio, tienes menos connotaciones e interpretaciones. Vuestra lengua es demasiado variable.
Salomón intentó decir algo, pero para entonces Essa ya se había apartado lo suficiente para dejarlo solo con sus pensamientos. Seguía indeciso de si era un mutante o un alien, pero podía dar certeza, de que no era humana. El universo había avanzado lo suficiente para que las modificaciones corporales, los cambios genéticos y las prótesis hicieran que un solo individuo cambiara tanto que fuera difícil distinguir qué era una raza o un cambio en realidad. Aunque no obtendría respuesta de cualquier modo, continuaron avanzando, hasta un corredor que dio un giro hacia la izquierda después de otros veinte metros y se abrió en un espacio más amplio donde el techo había cedido parcialmente, dejando una brecha por la que podía verse la cubierta superior y, más allá, el negro del espacio a través de una perforación en el casco exterior. La luz que entraba por ahí no era luz solar, sino el reflejo difuso de lo que fuera que estuviera cerca de la nave, tal vez escombros, tal vez un fragmento de nave que seguía rodeándola como eterno acompañante. Independiente de lo que fuera, era suficiente para hacer innecesarias las linternas de los trajes por un momento, y varios del grupo las apagaron por instinto antes de volver a encenderlas cuando el corredor volvió a cerrarse.
Fue en ese espacio donde el suelo desapareció. No de golpe, sino progresivamente, como si alguien hubiera arrancado secciones del corredor de forma irregular, dejando partes intactas y partes que simplemente no estaban. El resultado era una especie de puente natural formado por lo que sobrevivió, con huecos entre las secciones que en gravedad normal habrían sido un obstáculo menor y que aquí, sin gravedad, eran simplemente aperturas hacia la oscuridad de la cubierta inferior. Boran las cruzó usando los anclajes, dando pasos cortos y controlados sobre los bordes de las secciones intactas. Essa lo imitó. El grupo los siguió de uno en uno, con Harren coordinando el paso desde el centro para evitar que más de dos personas estuvieran sobre el puente improvisado al mismo tiempo.
Tev cruzó sin usar los anclajes, eligiendo los puntos de apoyo con una velocidad que sugería que había cruzado estructuras peores en condiciones similares. Kael lo siguió casi al mismo ritmo, aunque sí usó los anclajes, con la precisión de alguien que no necesita demostrar nada, pero tampoco va a ignorar una herramienta útil. En cambio, Nikell cruzó despacio, midiendo cada paso con más cuidado del que había mostrado en cualquier otro momento desde que habían entrado a la nave. Cuando llegó al otro lado y pisó suelo sólido, soltó el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta.
— Ya. — dijo en voz baja, sin dirigirse a nadie.
Fue Salomón quien lo vio. Llevaba varios metros caminando junto a Andreus en el costado derecho del corredor cuando notó que Tev había empezado a derivar hacia la izquierda, siguiendo alguna lógica de movimiento que tenía sentido en un espacio con gravedad artificial, pero no en uno sin ella. El suelo en esa dirección terminaba sin aviso, reemplazado por el mismo tipo de apertura que habían cruzado antes, solo que esta era más ancha y no tenía las secciones parciales que habían servido de puente. Era simplemente el borde del corredor y después la nada. Tev estaba a dos pasos de ese borde cuando Andreus habló.
— Tev. — Fue todo lo que dijo, con el volumen exacto para que llegara sin sobresaltar, y ya se había movido hacia el hombre, tomándolo del antebrazo antes de que el pie derecho terminara el paso que iba a llevarlo al vacío. Lo devolvió al centro del corredor con un movimiento que no tuvo dramatismo porque no había tiempo para él, y Tev miró hacia abajo, encontrándose con el vacío mismo del espacio, una apertura que descendía no hacia la nave, sino a la oscuridad misma del espacio con el destello de las estrellas. Tragó saliva sin quitarle la mirada al abismo mismo. Saltando desde el pensamiento de qué cosa sería capaz de atravesar la nave de arriba hacia abajo, hasta preguntarse en cuántos segundos habría terminado al otro lado antes de terminar a la deriva sin quien lo escuchara gritar.
No agradeció, tampoco respondió o emitió sonido alguno, solo asintió ante Andreus, quien le dio una pequeña palmadita antes de ayudarlo a coordinarse y terminar de pasar la estructura. Donde el resto del grupo aguardó a que Salomón terminara de pasar, no sin antes, observar el mismo espacio donde hacía segundos, Tev casi caía. Harren evaluó el espacio desde el centro, mirando el borde, la apertura, y las dos vigas que cruzaban el vacío en diagonal, lo suficientemente anchas para que una persona pusiera los pies en ellas, pero no lo suficientemente juntas para que fuera cómodo.
— Cruzamos por las vigas. — dijo Harren. — De a uno. Anclajes activos en todo momento.
Todos observaron sus equipos, asegurándose de que estuvieran preparados para dar paso, momento en que la comunicación fue interrumpida por los dos oficiales a mando de los dos grupos de exploración, dando un reporte de su estancia. Iniciando con Sohoo quien fue breve, casi con un tono aburrido al hablar: —Aquí, Sohoo, encontramos herramientas y elementos de carga, también materia prima como folsito y plasticero, fue marcado para su posterior recolección. Ahora nos dirigimos a las estancias de la tripulación. — No añadió nada más, antes que Matta continuara con su informe: — Reportamos el hallazgo de una caja negra de navegante, esta codificada, por lo que nos la llevaremos a la nave para desencriptarla, y saber los últimos registros de la nave. No hemos encontrado nada de valor, ni siquiera cadáveres o armas. Continuamos por el puente de mando hasta las salas de seguridad. Cambio y fuera.
Antes de que Harren diera respuesta y guía de cómo avanzar, Boran ya se encontraba llegando al otro extremo de la viga antes de que Harren terminara la oración. Dejando a los demás del grupo extrañados por la habilidad del explorador, salvo Andreus, que pareció asentir ante la temeridad del individuo, para después ser el quien continuara avanzando con paso seguro sobre la viga.
El otro extremo de la viga era igual que el de partida. Un metal frío y oscuro, con los anclajes respondiendo al contacto como debían. Andreus llegó de segundo, momentos después Essa, quien se apartó hacia el lado derecho del corredor para dejar espacio a los que venían detrás sin interrumpir el paso. Desde ahí observó cruzar a cada uno con la misma atención con que había observado todo desde que entraron a la nave. Era difícil saber el motivo de su atención en cada uno, pero tampoco serviría de nada la pregunta en medio del recorrido.
Nikell llegó al otro lado con más ruido del necesario y menos dignidad de la que habría preferido, aunque tuvo la sensatez de no comentar nada al respecto luego de haber soltado varios insultos durante el trayecto, que iban desde el arrepentimiento hasta la angustia. Kael en cambio, llegó de último desde retaguardia, confirmó posición con un gesto hacia Harren, y el grupo volvió a moverse.
El corredor que siguió era más estrecho que los anteriores, con las paredes más cerca y el techo más bajo, del tipo que en una nave en funcionamiento habría sido territorio exclusivo de técnicos de mantenimiento y personal de servicio. Aquí, sin gravedad y con los objetos flotando a media altura, la estrechez lo hacía más difícil de navegar, sin contar la molestia de tener que estar apartando las cosas constantemente, empujándolas hacia los lados con cuidado de no generar un efecto de cadena que enviara fragmentos en direcciones incontrolables. Tev lo hacía con una eficiencia que rozaba lo instintivo, desviando objetos con el dorso de la mano o con el hombro sin romper el ritmo de sus pasos. Boran y Essa hacían algo parecido, pero con mayor deliberación, eligiendo qué tocar y qué rodear como si el espacio tuviera una lógica que podían leer y los demás no.
Vael, en cambio, optó por avanzar pegada a la pared derecha, reduciendo al mínimo la cantidad de objetos con los que tenía que interactuar. Era una solución práctica y ahorraba el esfuerzo, algo que Salomón al notar, intentó copiar, solo para terminar siendo recibido por diversos golpes de varios objetos en los extremos del traje. No llegaron a dañarlo, pero el fastidio de tener que apartarlos luego de que estos se negaran a retirarse, no ayudó a su estado de ánimo, algo que le ocasionó cierta risita a la mujer, que rápidamente disimuló en cuanto tuvo la ocasión.
El corredor desembocó en una escotilla de servicio que alguien había dejado abierta y al otro lado la escala al adentrarse cambió de golpe. Era una sala de distribución, de las que servían como punto de conexión entre los corredores de servicio y las cubiertas principales. Tenía el techo alto y las paredes amplias, con varias salidas en distintas direcciones y una estructura central que en algún momento había sido un panel de control y que ahora era simplemente un objeto más suspendido en el vacío, girando muy despacio sobre su eje con la resignación de algo que ha aceptado su nueva condición. Sin llegar a contar los diversos agujeros en las paredes, captando la atención de los presentes.
En lo que unos señalaban con las linternas en diversas direcciones, hasta las preguntas intercambiadas por parte de Nikell y Vael sobre qué podría haber ocasionado semejante daño. Salomón, en cambio, se mantuvo firme al señalar con la linterna uno de los extremos del pasillo, que apuntaba a una oscuridad tan profunda, que era difícil llegar a distinguir siquiera una silueta por la luz. Tanto que intentó acercarse al pasillo, solo para ser detenido por Kael, quien le hizo una señal negativa con la cabeza: — No es buena idea. — Añadió a su gesto antes de dejar a Salomón observando el vacío, casi con la sensación de que, aun en las sombras, había algo que lo observaba de regreso. Pero sin saber qué o por qué. Considero la idea de poner un pie en el interior, pero fue en vano, una vez que la voz de Harre llamó la atención de los presentes.
Con la tablilla de datos en una mano, y con la otra apartando una taza metálica que giraba alrededor de su rostro; señaló con una mano hacia la salida del extremo izquierdo: — Por ahí se llega a la bahía de carga, está a dos corredores de distancia. — Revisó el comunicador en su oreja antes de continuar. — Matta, reporte de situación.
— Avanzamos por el puente de mando. — La voz de Matta llegó limpia, sin interferencias. — Encontramos indicios de combate en los corredores previos. Marcas en las paredes, equipamiento dañado. Nada de cuerpos todavía, lo cual es raro para el tipo de daño que vemos. Seguimos adelante.
— Entendido. —Respondió el oficial luego de volver a revisar la tablilla de datos antes de volver a activar el comunicador. — Sohoo, informe. — Al llamar al oficial, se pudo escuchar estática por varios segundos, generando una mueca en el oficial antes de volver a usar el comunicador. — Sohoo, informe. — Nuevamente pasaron varios segundos sin respuesta, llegando a generar preocupación en Harren aunque evitó dar señales de la misma a los presentes, salvo Andreus que se acercó sin pronunciar palabra alguna, pero manteniendo la mirada fija en el oficial.
— Aquí Sohoo, estamos en las estancias de la tripulación. — Sonó la voz del oficial luego de varios minutos en silencio, pero con estática que no facilitaba la comunicación. — Encontramos algo interesante en los camarotes de los oficiales. — Alcanzó a oírse antes de que un ruido similar a algo metálico emergiera del interior, volviendo a la estática por unos segundos antes de que la voz volviera a sonar. —Parece que la tripulación intentó atrincherarse aquí. Hay marcas de arrastre de las camas y mesas, también señales de disparo con arma láser, pero no en dirección a la entrada, sino al interior. — La voz se entrecortó nuevamente con la estática, la cual hizo que Harren insultara el dispositivo por eso. — Hay marcas en las puertas desde adentro, como si hubieran intentado reforzarlas. — Una pausa. — No sirvió de nada, aparentemente.
Harren no respondió de inmediato. Reviso la tabla nuevamente antes de dar una orden que pareció no llegar a ningún lado antes que la señal se entrecortara: — Maldito cacharro. Cuando volvamos, le diré a los de ingeniería que desmonten esta cosa. — Suspiró al decirlo luego de guardar la tablilla y miró hacia la salida que había señalado.
— ¿Riesgo de encontrarnos con hostiles? —preguntó Kael luego de apretar el rifle láser contra su pecho.
— Negativo. — Intervino Andreus antes que el capitán hablara. — Una vez que se hizo el escaneo a la nave, no dio señales de sistemas energéticos ni de calor. De haber algo aquí, ya lo habríamos visto.
— Pero ¿Y la falta de cuerpos? —preguntó Salomón una vez se acercó al grupo.
— Es tan posible que anden flotando en algún lugar o que hayan terminado saliendo por alguna de las aberturas del navío. Hay suficientes agujeros para que parte de la carga haya sido expulsada y se encuentre flotando por el espacio.
— Pobre el desgraciado que se encuentre con eso. — Replico Vael al oírlos. Para después hacer un gesto similar a la cruz, recordando al gesto terreno del cristianismo, aunque ya eran pocos los que llegaban a practicarlo en la frontera.
— Seguimos. —Finalizó el capitán antes de señalar en dirección a la bahia. — Ya casi llegamos.
Ante la orden del oficial, todo el séquito comenzó a caminar, dejando por último a Andreus, que se detuvo para ver por sobre su hombro en dirección al mismo corredor que hacía unos instantes, Salomón se había detenido a observar hacía unos minutos antes. Andreus entrecerró los ojos ante las sombras para después continuar el camino, sin llegar a apartar la mano de la funda de su pistola.
La bahía de carga no estaba a dos corredores de distancia. Estaba a dos corredores de distancia y una pared que ya no estaba donde debía estar. Motivo que ocasionó que los presentes se detuvieran con duda ante lo que veían ante sí. No era que hubiera sido destruida exactamente. Sino que, al intentar expresarlo, era más que había cedido hacia adentro, como si algo del tamaño de la bahía misma hubiera ejercido una presión desde el otro lado que el metal simplemente no había podido resistir. El resultado era una masa de acero doblado que bloqueaba casi completamente el acceso, dejando solo una apertura en el extremo superior derecho, lo suficientemente grande para que pasara una persona si no llevaba equipo adicional y estaba dispuesta a hacerlo en diagonal.
Boran la evaluó desde el suelo durante unos segundos antes de empezar a trepar sin que nadie se lo pidiera. Usó los salientes del metal doblado como puntos de apoyo, moviéndose con la misma economía de siempre, y desapareció por la apertura antes de que Harren pudiera confirmar si era la decisión correcta. Treinta segundos después su voz llegó por el comunicador.
— Despejado. La bahía está al otro lado. Hay espacio suficiente para trabajar.
— Maldito loco. — Pronuncio Nikell al oír la voz del hombre en la radio.
Harren procesó eso con la resignación de alguien que ha aprendido que ciertos miembros del equipo van a tomar decisiones antes de que él las autorice y que lo único que puede hacer es asegurarse de que no resulten fatales. En especial cuando Andreus seguia observando el orificio por donde había que ingresar, antes de observar el alrededor de la sala en la que se encontraban.
— Todos al otro lado. Tev, Kael, primero.
Cruzaron de uno en uno, usando la apertura en diagonal con distintos grados de elegancia. Nikell fue el que más ruido hizo y el que más tiempo tardó, aunque llegó al otro lado sin incidentes y con la dignidad suficientemente intacta como para no sentir que necesitaba comentarlo. Motivo de agradecimiento por parte de Vael al no tener que aguantarlo; Salomón, por otro lado, cruzó con la eficiencia de alguien que ha aprendido a moverse en espacios que no fueron diseñados para él, y esperó al otro lado con los brazos cruzados mientras Harren terminaba de pasar.
Andreus fue el último en cruzar, después de asegurarse de que todos los demás estuvieran al otro lado. Pasó por la apertura sin apresurarse, con los movimientos controlados de quien no necesita demostrar nada con la velocidad, y cuando llegó al otro lado se detuvo. Antes de estirarse perezosamente, antes de recordarse a sí mismo que, aunque se mantenía en movimiento, no solía salir tanto como era debido y su cuerpo, ya le reclamaba la falta de ejercicio.
La bahía de carga de un crucero de asalto clase Aestus era, en condiciones normales, uno de los espacios más grandes de la nave; diseñada para almacenar material suficiente para sostener operaciones durante meses sin reabastecimiento. Lo que tenían delante no era exactamente eso, porque lo que tenían delante era la versión destruida de ese espacio, y la destrucción no lo había reducido, sino que lo había hecho más visible en su escala. Sin los contenedores de carga apilados, sin las plataformas de clasificación, sin el personal que en condiciones normales habría hecho de ese espacio un lugar ruidoso y funcional, lo que quedaba era simplemente el volumen. Dejando en apariencia, una caverna de acero que se extendía en tres direcciones y cuyos límites las linternas del equipo apenas alcanzaban a sugerir.
En el centro de la bahía había un fragmento de estructura del tamaño de un edificio de varios pisos, caído en ángulo y apoyado contra la pared del fondo, que bloqueaba el acceso a la sección posterior: — Eso no vino de afuera. — Señalo uno de ellos. Lo que veían en sí era parte de la cubierta superior de la propia bahía, arrancada de su posición original y depositada ahí por una fuerza que no había considerado necesario ser delicada al hacerlo.
— Eso va a tomar tiempo en revisar. — dijo Nikell, mirando el fragmento con la expresión de alguien que está recalculando mentalmente cuánto esfuerzo va a requerir lo que acaba de ver.
— Entonces empieza. — respondió Harren sin mirarlo. — Tev, Kael, sector izquierdo. Boran, Essa, sector derecho. Vael, Nikell, con ellos. — Señaló hacia el fragmento central. — Yo reviso la sección de acceso posterior con el comandante.
Nadie cuestionó la asignación. El grupo se dispersó hacia sus sectores con la eficiencia de personas que han recibido una orden clara y prefieren ejecutarla a pensar demasiado en ella. Las linternas de los trajes se separaron en distintas direcciones, convirtiéndose en puntos de luz que se movían entre los escombros con ritmos distintos. Desde quienes avanzaban a paso medido hasta quienes se notaba que solo querían terminar cuanto antes para volver a la nave, porque era de estos últimos donde los destellos de luz emergían seguido.
Lo que resalto fue el último grupo que llegó a la pared del fondo de la bahía, siendo el primer motivo en todo el trayecto, que no tenía una explicación plausible una vez observada. No el fragmento de cubierta caído, sino lo que se ocultaba detrás del mismo. Era una superficie de acero y plasticero reforzado de varios metros de grosor, del tipo diseñado para resistir impactos directos de armamento pesado, y tenía un corte.
No una perforación, ni una quemadura de plasma, ni la deformación que deja un torpedo al impactar. Un corte demasiado limpio, de bordes definidos, que atravesaba el material en diagonal desde la altura del techo hasta aproximadamente la mitad de la pared, con la precisión de algo que no había encontrado resistencia en el proceso. El metal en los bordes del corte no estaba derretido ni deformado por calor. Estaba simplemente seccionado, como si alguien hubiera decidido que esa pared debía tener esa apertura y hubiera procedido en consecuencia.
Andreus se detuvo frente a ella. Empleando la linterna del traje para dibujar la trayectoria de este. Incluso ladio la cabeza a un lado al intentar calcular la altura y distancia del mismo, pero no llegaba a una conclusión lógica. Dejando que el silencio se asentara durante sus pensamientos. Momento en que Salomón, quien estaba a tres pasos detrás de él, tampoco dijo nada, simplemente se acercó al borde del corte para señalar con su linterna las profundidades del pasillo, creyendo entre siluetas y formas irregulares que algo se movía en su interior, pero al intentar apuntar con su linterna en esa dirección, la figura de cajas de metal volando, fue lo único que encontró. Harren llegó al lado de Andreus tiempo después de un momento y evaluó el corte con la tablilla en la mano, buscando alguna categoría en sus registros donde pudiera clasificar lo que estaba viendo.
— ¿Armamento de precisión? — dijo al fin, más como hipótesis que como afirmación.
— No. — Andreus respondió sin apartar los ojos del corte. — El armamento de precisión deja marca térmica en los bordes. Calor, fusión parcial, deformación del material circundante. — Señaló los bordes del corte con el dedo sin tocarlos. — Esto no tiene nada de eso.
— Entonces, ¿qué lo hizo?
Andreus no respondió. Extendió la mano y pasó los dedos enguantados por el borde del corte, siguiendo la línea diagonal desde donde podía alcanzarla hasta donde el ángulo se lo permitía. El gesto tenía algo de involuntario, como si la mano hubiera tomado la decisión antes que el resto del cuerpo, y cuando la retiró, se quedó mirándola un momento antes de volver a mirar la pared.
— Harren. — dijo al fin. — Contacte a los otros dos grupos. Quiero confirmación de situación.
Harren activó el comunicador sin preguntar por qué el cambio de prioridad: — Matta, reporte.
— Aquí Matta. — La respuesta llegó después de un segundo de pausa que no había estado en los reportes anteriores. — Estamos en la sala de seguridad adyacente al puente de mando. Encontramos armas y equipo dañado, pero nada de cuerpos, otra vez. — Otra pausa, más corta. — Hay algo más que deberían saber. — La voz sonó luego de unos segundos, como si dudara de lo que debía de decir. — Las marcas de combate que reporté antes se concentran todas en esta dirección. Sea lo que sea que atacó esta nave, vino de aquí o pasó por aquí. Revisaremos un sector más antes de regresar al punto de reunión. Cambio.
— Añadido, mantén la frecuencia abierta. — Pronuncio Harren antes de cambiar de canal.
— Sohoo, reporte.
Silencio fue lo único que se obtuvo antes que la estática emergiera del interior. Harren, harto del dispositivo, le dio varios golpes al mismo, pero de este no emergió la voz del oficial, ni siquiera ruidos algunos, a diferencia de la estática. — Sohoo. —Repitió Harren, con el tono de quien espera que la ausencia de respuesta sea un problema técnico y no otra cosa. Pero al volver a obtener la ausencia, bajó el comunicador y miró a Andreus, que ya lo estaba mirando a él.
El comunicador de Andreus vibró antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo. No era el canal del grupo; en cambio, este le notificó un mensaje en el interior del casco que llevaba, motivo que le hizo una seña a Harren que intentara volver a comunicarse con el oficial en lo que él atendía el mensaje directo. El oficial dudó, pero terminó cediendo ante la orden, antes de que su voz fuera lo único que sonara por la cámara. A diferencia de la de Andreus, que se apartó del grupo para responder.
— Ragnar.
— Andreus. — La voz de Ragnar llegó con la calidad de una comunicación de largo alcance, limpia, pero con el peso específico que tenía cuando quería hablar de algo que prefería no decir por los canales oficiales. — ¿Puedes hablar?
Andreus miró hacia atrás. Harren estaba intentando el canal de Sohoo por tercera vez. Salomón lo miraba a él con esa atención constante que tenía, sin presionar. Antes de revisar a sus alrededores y observar las diversas luces del equipo que iban de un lado al otro en los bordes de la sala. Solo por ese momento Andreus se permitió el gesto de suspirar antes de responder.
— Un momento. — Hizo un gesto a Salomón para que se mantuviera en posición y se desplazó hacia el extremo de la bahía, lo suficientemente lejos para que la conversación no llegara a nadie más del grupo.— Habla. ¿Por qué eres tú quien me llama y no el Oficial de Señales? — preguntó Andreus antes de que Ragnar pudiera continuar.
— Porque quería hablarte sin que quedara registro en los canales de la nave. — Una pausa breve. Sonó al otro extremo del canal, antes que la voz de Ragnar volviera a sonar. — ¿Cuándo fue la última vez que hice eso?
— En Veth Prime. Antes del motín del sector de carga. — Andreus lo dijo sin énfasis, como un dato, aunque los dos sabían que no era solo un dato. — Ahora, y bien, ¿por qué la llamada?
— Antes de eso. — La voz de Ragnar tenía el tono particular que usaba cuando quería dar con lo exacto sin necesidad de repetir. — ¿Sabes cuántas naves han pasado por el Sector Arvón en los últimos cuarenta días?
— Dímelo tú, debe ser importante si me estás llamando para eso.
— Cuarenta y tres naves registradas en los puestos de control del sector. — Intervino Ragnar con diversas pausas, que evidenciaban las dificultades del mismo al usar el comunicador. — Mercantes, contrabandistas, cargueros independientes, un par de fragatas piratas de las que operan en la zona norte. El tráfico habitual para esta época del ciclo. — Una pausa volvió a aparecer, ahora con voces al otro lado de Ragnar, provenientes de los oficiales del puente de mando — De esas cuarenta y tres, dieciséis no llegaron a su destino.
Andreus no respondió de inmediato. Solo busco un lugar donde apoyar la espalda contra la pared antes de volver a contestar: — Dieciséis. — repitió con pereza. — ¿Por qué debe ser de importancia?
— Dieciséis. —Señaló Ragnar antes de que su voz volviera a sonar. —Y no hablo de naves que desaparecen en el vacío porque alguien les robó la carga y las dejó a la deriva, que también ocurre. — Se detuvo un momento antes de carraspear. — Hablo de naves que fueron encontradas después, algunas en los cementerios de escombros del sector norte, otras simplemente flotando sin propulsión en zonas de tráfico. Y...
— Te estás yendo por las ramas, ¿Por qué es importante esto?
Ragnar hizo una pausa que tenía el peso de alguien que ha pensado mucho en cómo decir lo que va a decir: — Los sobrevivientes que encontraron en algunas de ellas reportaron lo mismo. Atacantes que no se identificaron como ninguna facción conocida. Sin insignias, sin comunicaciones previas, sin demandas. Solo el ataque y después el silencio.
— ¿Cuántos sobrevivientes?
— Pocos. En algunas naves, ninguno. — Una pausa más corta. — Pero eso no es lo único que quería decirte.
— Ragnar.
— Sé que no quieres escucharlo.
— Dímelo de todas formas.
— Hay rumores en los puertos del sector. — La voz de Ragnar bajó un tono, aunque en un canal privado eso era más hábito que necesidad. — Asesinatos en naves de contrabandistas y piratas del Arvón. No en enfrentamientos, simplemente asesinatos. Una sola víctima por nave en algunos casos, múltiples en otros, pero siempre con el mismo patrón. Cortes limpios, precisos, sin señales de forcejeo previo.
— No veo el motivo de interés de eso.
— ¿Acaso has olvidado lo de Omicron? Es la misma forma en que atacan los ejecutores imperiales. — dijo al fin. — Si están aquí, hay que estar alerta.
— También podrían ser asesinos a sueldo o mercenarios entrenados, hay varios en este sector. — Andreus apoyó la cabeza contra la pared, en lo que observaba cómo Harren terminaba lanzando a un lado el comunicador antes de terminar dando algunos saltitos para atraparlo antes de que se escapara de sus manos. — Hay varias operando en el Arvón.
— Podrían. — Ragnar no sonó convencido. — Pero el patrón es demasiado específico para ser una orden local, y demasiado discreto para ser un ejecutor estándar del Aestus.
— ¿Qué estás diciéndome, Ragnar?
Al otro lado volvió a sonar la voz de los oficiales en el puente de mando, en cómo Ragnar les insultaba para que le dejaran hablar, antes de que nuevamente una pausa se extendiera entre ambos, antes de que la voz del guerrero volviera a sonar, ahora, en un tono más bajo, evitando que cualquiera a su alrededor llegara a oírlo siquiera: — Que creo que ella está en el sector.
El silencio que siguió fue de Andreus. Uno espeso, donde lo único audible eran las respiraciones del mismo que iban de un lado al otro antes que volviera a hablar, ahora en un tono serio, sin aquella ironía en su voz y falta de interés de hacía unos segundos, apoyando el comunicador lo más cerca de su voz: — Eso es una suposición basada en un patrón que podría tener docenas de explicaciones. — dijo al fin, con el tono de quien está siendo razonable deliberadamente.
— Lo sé. — Ragnar no cedió. — Y también sé que la última vez que ignoraste un patrón porque tenía docenas de explicaciones posibles, terminamos con un motín en el sector de carga que nos costó tres semanas de reparaciones y un centenar de muertos.
— No puedo creer que aún me reclames por ese error.
— Un oficial puede equivocarse y ser degradado de cargo; un trabajador puede equivocarse, perder una mano, pero remplazarla con un aumento, en cambio, tú no puedes hacerlo. Un error tuyo, condena miles de vidas al mismo tiempo; podrías haber evitado el motín si hubieras dejado de confiar en las personas el tiempo suficiente para verificar lo que te estaban diciendo. Habríamos salvado la línea de carga.
— Eso es diferente.
— ¿Lo es? — La voz de Ragnar no tenía reproche, solo la certeza tranquila de quien conoce a alguien lo suficientemente bien como para no necesitarlo. — Llevas años creyendo que La Balada es demasiado grande para que alguien la encuentre y demasiado compleja para que alguien entre sin que los sistemas lo detecten. Y en la mayoría de los casos tienes razón. Pero hay personas para las que los sistemas de seguridad de una nave son un punto de partida, no un obstáculo. Tú lo sabes. Lo has sabido desde la primera vez que se cruzaron.
Andreus cerró los ojos un momento dentro del casco: — La Balada ha viajado por sistemas conectados y desconectados en los últimos dos años. — dijo, abriendo los ojos. — Si quisiera encontrarnos, habría necesitado información de cada salto que hemos dado. Eso no es algo que se consigue fácilmente. Aun si lo hiciera, no hay sistema que rastree la nave, estamos a salvo.
— No para la mayoría de las personas. — Ragnar hizo una pausa. — Para ella es una tarde ocupada. Para el imperio, con esfuerzo, solo les tomaria menos de una semana encontrarnos.
— Ragnar.
— No me interrumpas.
— No lo hago, pero...
— Solo te pido que no lo ignores. — La voz del otro hombre perdió por un momento el tono de argumento y se convirtió en algo más directo, más personal. — Sé que lo que hiciste en Veth Prime lo hiciste por mí. — La voz del hombre mostró un momento de vulnerabilidad. Sé que no te arrepientes de haberlo hecho, pero...
— Lo volvería a hacer sin dudarlo. Yo lo superé, tú también debes de hacerlo. — La voz de Andreus fue tranquila, serena y honesta, lo suficiente para bajar la amargura de la voz de Ragnar.
— No sé cómo lo haces. Donde otros habrían decidido entregarme antes de perder su protectorado, preferiste protegerme. Decidiste cuidar a un extraño antes que mantener el poder. No sé si alguna vez comprenderé la carga que asumiste por salvarme, pero por eso te lo pido, no ignores esto.
— No lo hago, pero lo hablaremos cuando llegue a la nave.
— Te juro que, si el imperio nos encuentra porque confiabas demasiado en ti, te mataré antes que ellos lo hagan.
— Quisiera verte intentarlo. — Andreus se permitió sonreír al decirlo antes que su atención se enfocara en cómo Harren continuaba golpeando el comunicador una vez más— Toma las precauciones que consideres necesarias mientras tanto. Y Ragnar. — Una pausa. — El cargo de Senescal tiene sus ventajas. Úsalas.
— El cargo de senescal — respondió Ragnar, y en su voz había algo que en otro hombre podría haber sido humor, pero en él era simplemente la forma en que procesaba las cosas que no le gustaban —. Es para siervos y lamebotas. No puedo creer que me pidieras quedarme aquí mientras ibas en solitario.
— Nunca esperé que te gustara.
— Soy un guerrero, mi deber está en la batalla, no aquí en la nave con estos idiotas.
— Son nuestros idiotas ahora, necesito que alguien se ocupe de cuidarlos.
— Lo sé. Por eso lo hago. — Resopló Ranar al hablar. — Cuídate, hermano. Cambio.
La comunicación con Ragnar se cerró con el mismo peso con que había abierto. Andreus se quedó un momento con el comunicador en la mano, antes de tomarse un momento para respirar para después guardarlo. No era la primera vez que escuchaba el reclamo de su hermano, y por Dios, sabía que no sería la última vez. Pero cada vez que la conservación tornaba a su estancia en el imperio, no hacía más llevadera la carga que traía en sus hombros. Para el momento en que estuvo listo para continuar, fue recibido por Harren al verlo llegar, dirigiéndose a él sin cortesías ni modismos.
— Sohoo lleva demasiado tiempo sin responder. — dijo, mostrando el dispositivo con la pantalla de comunicaciones abierta, todos los intentos fallidos alineados en la pantalla como un registro de algo que nadie quería nombrar todavía. — Doce intentos en canal principal, cuatro en canal de emergencia. Matta tampoco ha dado reporte desde el último. El dispositivo funciona; lo comprobé con los canales internos del grupo.
Andreus tomó el dispositivo, sintiendo el peso entre sus manos antes de revisarlo con lentitud, pasando una mirada de un dato al otro. En las diversas líneas de comunicación, en los datos que señalaban los recursos obtenidos y los próximos para recoger, antes que se apartara para observar el rostro del oficial que no ocultaba la duda en su mirada; antes de pasar a ver la pared detrás de ellos, donde el corte diagonal se exhibía por todo lo alto junto a la oscuridad de su interior.
— No es la primera nave a la deriva que encontramos en el Arvón. De seguro deben ir en camino al punto de reunión, igual que el protocolo.
— De ser así, se habrían reportado desde hace rato.
—Quizás — dijo al fin, de unos minutos. — En los últimos meses hemos cruzado con tres cargueros y una fragata independiente en condición similar. Sin tripulación, sin carga, sin señales de combate externo convencional. No es la primera vez que hay interferencia en las comunicaciones.
— No debe de haberlas; hay mucho en riesgo cada que abordamos una nave a la deriva. Debe de haber algo que genere estos daños y la interferencia.
— Tengo una idea vaga del motivo. — Andreus señaló a la pared detrás de ellos.
— ¿Es por eso que ha decidido acompañarnos en esta ocasión, señor?
— Quería asegurarme en persona. —Andreus devolvió la tablilla a Harren antes de volver a ver el borde. — En todos los reportes, ninguna nave tenía los mismos destrozos como esta. —Señaló la pared detrás de sí. — Lo que atacó no venía desde afuera. No hay impactos externos que justifiquen el daño estructural, tampoco cápsulas de abordaje ni averías en el sistema de navegación o en el motor que impidieran el avance de la nave. — Se quedó en silencio unos segundos al recordar la información. — Lo que haya estado destruyendo esas naves, no fue por un ataque externo, ya estaba dentro de la misma cuando ocurrió.
— Es una nave de guerra imperial. — dijo Harren, y en su voz había algo entre la incredulidad y la incomodidad de quien entiende las implicaciones de lo que está escuchando. — Los protocolos de seguridad de una nave de esta clase no permiten ese tipo de brecha sin que los sistemas lo detecten y respondan. Y... — Dudo un poco al hablar. — Ningún navío imperial había terminado en este sector desde hacía más de una década. Es imposible que salgan del espacio imperial sin ningún motivo.
— Por eso quería llegar antes que los carroñeros del sector. — Andreus devolvió la mirada al corte en la pared. — Lo que haya provocado esto, es un riesgo para todos, si el imperio ha decidido adentrarse en este sector.
El grupo que había estado disperso por la bahía se había ido acercando gradualmente durante la conversación, sin que nadie lo hubiera ordenado, con esa tendencia instintiva de las personas a juntarse cuando la información que escuchan les resulta incómoda. Tev estaba más cerca que los demás, con los brazos cruzados y la cabeza levemente inclinada, procesando. Kael se había posicionado entre el grupo y el corredor de entrada, con el rifle láser sujeto sin apuntar a ningún lado, pero manteniendo esa visión de vigilante. En comparativa con Boran y Essa quienes seguían con aquella actitud indiferente a cuanto les rodeaba, hablando entre ellos y señalando cada tanto el alrededor, cuando estuvieron cerca, Vael fue quien dio el primer paso para hablar entre los voluntarios.
— Significa, ¿que no estamos solos aquí? — Se dirigió a Andreus con un tono directo, y poco formal que llegó a irritar al oficial Harren.
— Lo dudo. — La voz de Andreus era tan neutra como su actitud, de estar mintiendo o no, no resultó convincente para la mujer.
— Un oficial no responde, otro se dirige al punto de encuentro y nosotros estamos aquí sin hacer nada, ¿por qué hemos venido entonces?
— A investigar, solo eso.
— ¿Entonces es mentira lo de venir a recuperar chatarra?
— No.
— No hay nada aquí, señor, ¿ya ha visto los alrededores? ¡Solo hay basura que vale menos que una mierda!
— ¡Vael Alders! —intervino Harren ante las palabras de la mujer. —Más le vale que se controle, si sigue con esa actitud, el menor de sus problemas será el que le paguen una vez volvamos a la nave.
— ¿Pagarme? ¿Por qué? ¿Mirar basura flotando mientras ustedes investigan fantasmas?
Ante el reclamo de ella, Andreus no respondió, tan solo mantuvo la mirada en su dirección, sopesando si debía o no de responderle. Pero en lo que los dos intentaban conciliar, Nikell quien había estado escuchando con el ceño fruncido y los brazos cruzados, antes de hacer una mueca y ver el otro extremo del corredor oscuro opuesto de la bahía. Mismo lugar que Salomón le acompañó con la mirada.
— ¿Hay algo que revisar ahí? — preguntó, señalando hacia él con la cabeza.
— Nikell. — dijo Salomón, que estaba a menos de dos metros de él.
— Solo pregunto. Sí, ya estamos aquí y es evidente que ha sido una pérdida de tiempo; mejor llevarnos algo a la boca antes que nos echen sin pagarnos.
— Nikell.
— ¿Qué? Lo has oído, ¿no?
Antes de tener la oportunidad de responderle al hombre, Nikell ya había avanzado al corredor con confianza y arrogancia, al final, si no recibirían pago alguno por su esfuerzo en acompañar, era mejor arriesgarse a obtener algo propio. No era un pensamiento con el que Salomón estuviera de acuerdo, pero ante las circunstancias, tampoco tenía motivos para detenerlo. La oscuridad del corredor no cedió ante su linterna más de lo que había cedido ante la de Salomón. Simplemente terminó desapareciendo en la oscuridad una vez avanzó lo suficiente, y las siluetas del metal, cajas y desperdicios volvían a desaparecer entre la penumbra.
Salomón miró el vacío unos segundos antes de volver con el grupo, que continuaba con su acalorada discusión, que solo iba en aumento, dividiendo al grupo entre quienes consideraban importante el deber de investigar las naves, y quienes se sentían engañados por su tiempo. En un lado, Vael junto con los hermanos cuestionaban el motivo de contratar carroñeros cuando no había nada de interés a bordo, acusando a Andreus de mentirlos y usarlos como cebo en caso de que hubiera algún peligro en el interior de la nave. Por el otro lado, el capitán y el oficial, en compañía del guardaespaldas, mantenían la postura de que investigar las naves era motivo prioritario en un sector tan alejado de la galaxia.
La conversación terminó en un punto muerto cuando la mujer desenfundó su pistola láser, con el brillo de la misma a la luz de la linterna en dirección al capitán, momento en que tanto el oficial como el guardaespaldas le apuntaron a la misma: — ¡Esta es su última advertencia, bájela de una vez! —repitió Harren ahora apuntando al rostro de la mujer con un rifle de pulso, pero ella solo negó con la cabeza.
— Y bien, ¿cuál era el plan? ¿Traernos a morir en caso de que hubiera hostiles? ¿Dejarnos a nuestra suerte para salvarse a ustedes mismos?
— Se equivoca. — Intervino Andreus sin llegar a tocar el borde de su arma. — La propuesta siempre fue la misma, apoyarnos en nuestra labor, si eran dignos, se les daría la oportunidad de pertenecer a la nave; si no, se les pagaría y dejaría ir.
— ¡Miente! —Grito la mujer con fuerza al oírlos. — No es la primera vez que se contratan voluntarios para terminar perdidos en el espacio. — Vael le dirigió una mirada a Salomón en cuanto pudo. — ¿Puedes creerlo siquiera? Nos abandonarán a la mínima ocasión. Nadie que investigue al imperio termina vivo.
— Comprendo sus preocupaciones. — El tono de Andreus mantenía el mismo toque formal de antes. — Pero no es tiempo para esto. Puede apuntarnos e intentar acabarnos, pero no tiene forma de regresar a la nave o quien conozca su ubicación. ¿De verdad quiere arriesgarse?
El agarre de Vael tambaleó ante las palabras del capitán, pero se negó a bajarla; en cambio, miró a Salomón: — ¿Va a quedarse ahí sin más? Tenemos la ventaja; con suerte, nos pagarán un buen rescate por él, mejor de lo que nos pagarían por este trabajo.
— No se lo recomiendo, Salomón. — Por primera vez, Andreus le dirigió la palabra al hombre, sin llegar a verlo. —Sé que poco puedo decir para que confíe en nosotros, pero si se opone a su compañera, me aseguraré de que tenga una buena vida, eso puedo garantizarlo.
Salomón los miró a los dos, al mismo tiempo que los hermanos también desenfundaron, pero no llegaron a apuntar. Aunque no evito la sensación de que el siguiente acto, terminaría en violencia, fuera por uno u otro. Pero quien tomó la decisión no fue Salomón, ni ninguno de los dos grupos. Sí, no el sonido que provoca un cuerpo al chocar. Porque desde la oscuridad misma del pasillo, el cuerpo de Nikell salió volando con tanta fuerza, que aun en un espacio sin gravedad, este chocó con tanta fuerza en la pared del medio de la sala, que el crujir de sus huesos pudo escucharse en los canales de comunicación, junto con el sonido de la sangre emergiendo y los leves gemidos de dolor antes de quedarse en un gorgoteo silencioso.
— ¡¿Pero qué mierda fue eso?! —cuestionó Vael al dirigir su mirada en dirección al amasijo de sangre y metal flotante que se desprendía de la pared.
Aunque en el espacio el sonido era inexistente, la sensación de que el suelo ante ellos se movía, motivo suficiente para que todos los presentes giraran al mismo tiempo, y en el momento en que las linternas de los trajes convergieron hacia el origen del impacto, lo que encontraron ya estaba de pie en el centro de la bahía.
Era más alto que cualquier hombre del grupo por más de un metro. El torso era vagamente humanoide. Repleto de cables y placas de metal, junto con un gran cilindro en su pecho, se movía, llevando por los cables del torso equivalente a energía que se extendían cual venas en todas direcciones. Una de ellas, del torso hacia abajo, terminaba en la extensión de seis patas arácnidas puntiagudas de metal, que empleaba para desplazarse hacia el grupo. Al momento de moverse, todos dieron un paso atrás, empleando las linternas para señalar el rostro o la ausencia del mismo de la criatura.
Donde solo existía una lámina suave de forma circular que recordaba a un rostro, pero sin expresión alguna, que contrastaba con el amasijo de metales, conexiones y extensiones del pecho, las cuales terminaban en dos brazos, si acaso era el nombre que podía otorgársele a las extensiones del pecho. El derecho, desde lo que era el antebrazo hasta la mano, era una hoja curva. Brillante sin imperfecciones, que llegaba a dar la sensación de suavidad ante algo que no era; el izquierdo, en cambio, era una garra con tres dedos articulados, cada uno del grosor de un antebrazo humano.
Nadie fue capaz de disparar primero. Ni de dar una orden o siquiera retroceder lo suficiente para escapar de la misma. Solo pudieron quedarse de pie, observando a la máquina y cómo esta se irguió despacio, alcanzando una altura que ninguno de los presentes hubiera imaginado; ni siquiera las linternas eran capaces de abarcar la totalidad de la criatura. Ese único movimiento fue suficiente para que el espacio entre ella y el grupo dejara de sentirse como distancia y empezara a sentirse como lo que era, nada. Dio el primer paso, haciendo que el metal cediera ante su peso. Y la oscuridad terminó por expandirse en la bahía. En compañía de un coro de gritos.






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