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Agatha: Interludio ll: Reconstrucion.

El anestésico local no adormecía del todo. Era la variante de precisión que solía emplearse en combate. En especial cuando los soldados debían permanecer conscientes en la medida en que se practicaba la cirugía. En este caso, que el ojo siguiera respondiendo ante los estímulos del procedimiento. Lo que, para su desgracia, significaba que podía sentir cada milímetro del procedimiento, sin que el dolor llegara a ser insoportable. Pero a cambio, estaba presente, constante; siendo de ese tipo que no permitía ignorarse, solo podía aceptarse. Podía asimilarlo siempre y cuando no tuviera que ver el procedimiento; habría considerado pensar en cualquier cosa, reflexionar, recordar o continuar la conversación con su acompañante, quien parecía más entretenida en encender otro cigarrillo, aun contra la advertencia de la máquina. 


Lo habría soportado, de no ser porque el reflejo de la esfera negra que simulaba ser la cabeza del mecanoide, no fuera de por sí lo suficientemente reflectiva para enseñarle con más detalle del deseado, cada apartado del procedimiento, con una fidelidad que no dejaba indiferente; deseaba no verlo, pero simplemente estaba ahí. Desde el momento en que el robot empleó una luz de fijación, un haz fino de tono azulado que el ojo siguió por reflejo antes de que Blake pudiera evitarlo, y luego fue bajando la intensidad de forma gradual en un intento de no provocar contracción pupilar antes de ingresar. El tercer brazo extendió el separador con una precisión que no era considerada. Las dos puntas de metal mantuvieron el ojo abierto con la firmeza exacta de algo que calculó la fuerza necesaria y no aplicó ni un gramo más. Blake miró el techo. Miró la esfera del robot. Dejó de mirar la esfera en cuanto emergió la aguja.  


—Por favor, no se mueva o perderá la visión —dijo el mecanoide, con aquella voz neutra que no distinguía entre una instrucción y una amenaza, porque para el sistema eran la misma categoría de dato. 


No gimió, no replicó ni cerró los ojos, aunque lo deseó. Porque cerrarlos no era una opción que el separador le ofreciera. Pudo observar por el reflejo cómo la aguja avanzó lentamente, con ese brillo que la hacía resaltar en todo momento, antes de introducirse en pleno iris, ingresando de la misma forma que una sensación helada y punzante en su interior, hasta terminar expulsando el líquido anestésico en el interior del tejido circundante con una presión que no era dolor, sino algo más difícil de nombrar, que solo le hizo aguantar la respiración hasta que el malestar pasó a ser una certeza  física de que algo estaba sucediendo en un lugar donde nada debería poder suceder. La aguja salió con la misma calma con que había entrado, y Blake tragó saliva en el momento exacto en que la presión fue aliviada. El sistema interno del implante desplegó un aviso en rojo que cerró con el gesto mental ya automatizado de quien lleva semanas cerrando el mismo aviso y que en esta ocasión, al menos, tenía justificación para hacerlo. 

 

El techo de la sala era blanco. No el blanco del Módulo de Recuperación, que tenía ese tono enfermizo de las superficies que absorben el olor a desinfectante con los años hasta volverse indistinguibles de él. Sino un blanco limpio, técnico, el de los paneles de fibra compuesta de última generación que solo aparecían en instalaciones con presupuesto suficiente para no tener que justificar los materiales. Blake lo estudió con la concentración de quien necesita fijar la mirada en algo estático, en los contornos de la estancia, en las líneas donde el techo encontraba las paredes, en cualquier cosa que no fuera la esfera negra del robot, que seguía devolviéndole la imagen entera: el separador, que le enseñaba su interior; la extensión del segundo brazo, que pasó de la aguja con la anestesia, hasta el bisturí y unas pinzas que empleó para hacer una incisión en la parte baja de la piel, haciendo un corte de forma cuadrada donde, empleando las pinzas, separó la piel.  


Limpio y ajusto, antes de revelar el implante debajo del ojo. Una capa metálica tan delgada como una lámina fue cortada y retirada, para permitir observar el interior de diversos circuitos y cables que conectaban la retina con los nervios, y siendo un enlace que pasaba por el interior hasta el cerebro para asegurarse de la visión. Al retirar, podía observarse cómo varios segmentos estaban completamente quebradizos, teniendo que ser retirados uno por uno antes de ser tomados y soltados con total indiferencia en una bandeja que sostenía el tercer brazo. Que, al caer, emitían un sonido seco y cristalino, junto con material orgánico que, llegado a ese punto, no sabía si quería conocer su origen.

 

—¿Cuánto tiempo llevas sin revisarlo? —preguntó la mujer desde el otro lado de la sala, sin apartar los ojos del pad. 


—Desde el altercado en el callejón —respondió Blake, con la inmovilidad de quien habla a sabiendas de que no puede hacer otra cosa—. Antes de eso, desde que salí del sector desconectado. 


—Eso es demasiado tiempo para un LV3 con daño estructural. —  Hizo una pausa al anotar algo. — y justo en el módulo de ajuste de campo. —Pasó una página—. Lo que describes sobre la visión fracturada no era solo el golpe. 


— El paciente lleva semanas con microfisuras en el recubrimiento del implante que el sistema intentaba compensar redistribuyendo la carga óptica. Intervino la máquina sin dejar de realizar la extracción de los fragmentos. Es la forma más eficiente de acelerar el daño interno y acusar una ceguera próxima, sin contar los dolores de cabeza y mareos que podría provocar la exposición a largo plazo. El tono de la máquina seguía de esa forma tan inhumana que era difícil distinguir si era una opinión o un dato que solían dar las máquinas con una IA implementada, no una de forma autoconsciente, pero sí programada para una sola funcionalidad.   

 

Blake no respondió. Ni deseo hacerlo en cuanto la máquina extrajo otro fragmento que le causó una sensación de incomodidad mucho mayor. Como si extrajeran una astilla de madera de un solo movimiento. Ante lo cual no pudo evitar que una lágrima terminara recorriendo su rostro, seguido de una sensación de moco que no expulsó. Pese a su incomodidad, el mecanoide continuó con su función.  


— No te preguntaré si te molesta. Pero continuaré con el informe; me gustaría que lo terminemos antes de llegar a nuestro destino.  


— ¿Hacia dónde vamos? 


— A las oficinas.  


— ¿Dónde? 


— No importa. No las verás igualmente.  


— Me pregunto si debería preocuparme. 


— En cuanto terminemos el proceso, volverás al tanque para descansar. Si lo has olvidado, has estado en estasis durante todo este tiempo; aún faltan varias cirugías por continuar e implantes que debemos reemplazar antes de mandarte de servicio nuevamente.  


— Lo haces sonar fácil.  


— Es mi trabajo, tengo que asegurarme de que estés funcionando, porque esto sumará al menos un año más a tu cuenta.  


— ¿No son parte de la compañía los gastos? 


— No, ya fue suficiente con que tengas el seguro para mantenerte con vida, pero es solo eso, mantenimiento. No actualización, mejora o reporte. Eso saldrá de tu sueldo.  


— Ah, fantástico. 


Se mantuvo en silencio un instante cuando el robot retomó el proceso de cortar los cables y empezar a reemplazarlos. Al menos, si no cambiaran el implante, podría asegurarle una mejor calidad de vida por los próximos días, o al menos la siguiente temporada, hasta terminar en otro caso que le dañara un próximo implante o función. Siendo a este paso, que se preguntara cuánto de su cuerpo realmente seguía siendo biológico y cuándo solo eran piezas de metal intercambiable. 


— Quiero que confirmes algo. Triton abrio una convocatoria para obtener nuevos agentes, tiempo despues de la finalizacion del caso. — dijo la mujer antes de dar una calada al cigarrillo. — No es la primera vez que lo hacen, pero la forma en que fue planteado, no corresponde a los tiempos que suelen abrir para nuevos agentes. 


— ¿Eso significa? 


— Que si tuviste algo que ver. Considere la opción de lo sucedido en el teatro o alguna relación que tuviera que ver con la directora de Helix, pero teniendo en cuenta tu participación —Hizo una pausa al ver a Blake. — ¿Qué hiciste con los dos hombres luego del altercado?  


— Sobre ellos.  


—Sí. —Dejó el pad sobre la mesa y acercó la mano para tomar la botella que le acompañaba, la misma que el mecanoide médico le repetía que no debería consumir en áreas esterilizadas, pero como siempre, lo ignoró. — Dos agentes que no regresan de un sector vacío no generan solo una búsqueda. Y como sabrás, eso genera toda una maquinaria que debe reportar, e informar con sumo detalle antes de obtener financiamiento para la obtención de nuevos agentes. Dio un trago, más lento, atento a la reacción de Blake. Pudo haber influenciado el incidente en el teatro, si puede decirse así, pero la solicitud se dio una semana antes, por lo que, no se habría dado de haber obtenido los cuerpos, así que, ¿qué hiciste con ellos? 


El robot depositó un tercer fragmento en la bandeja. Ahora asegurándose de un nuevo sector en la parte izquierda del implante, donde las pinzas se habían unido con la carne y debían separarse con cuidado para evitar daños futuros. Blake pensó al verlos que, si los LV3 hubieran durado lo suficiente para necesitar un manual de desmontaje, ese sería el aspecto que tendría. 


—Los moví durante la noche —dijo con cierto malestar. — Luego de vomitar.  

— No es necesario saber sobre tus movimientos orgánicos, quiero saber qué pasó con ellos. 

— Urik. —añadió luego de sentir picazón en una zona que no debería — al saber lo sucedido, me ayudó a ocultarlos luego de revisarlos. No quería problemas y lo último que deseaba era que hubiera más agentes en su hogar. En menos de dos horas, ya estaban bajo tierra. 


— ¿Dónde? 


— ¿Es necesario responder?  


La mujer no comentó nada inmediatamente. Se levantó del asiento con la economía de movimientos que tenía siempre, exactos, continuos y con el mismo porte; se dirigió hasta la ventana. No estaba seguro de si estaban en una estación o en alguna nave, porque nada podía saber desde su posición Solo pudo observar cómo ella sostuvo el cigarrillo entre los dedos sin fumarlo, mirando hacia ese exterior que él no podía ver.  


—¿Y el vehículo? —dijo. 


—Se lo dejé a Urik —respondió Blake. 


—¿Por qué? —dijo la mujer, girándose apenas desde la ventana. 


— No podía conducirlo y el anciano sabía a quién ofrecerlo para desmontarlo y cobrar por ellos.  


— Te tomaste demasiadas molestias para algo que podrías haber empacado y salido en dirección a la frontera. Nadie te habría seguido fuera de los límites de la colonia.  


Blake esperó un momento antes de responder, no por evasión, sino porque la respuesta tenía más de una capa y no todas valían la pena explicar. El robot extrajo otro fragmento, y esta vez la bandeja acumuló dos piezas seguidas que llegaron casi simultáneamente, como si el implante hubiera decidido ceder en una sola zona en lugar de fragmentarse con orden. 


—Porque ya estaba bajo sospecha por lo del Sello —dijo al final—. El altercado con el padre, la pelea con los agentes de Seg-C, los días moviéndome por el Fondo haciendo preguntas que la gente recordaba, aunque no quisiera. — Apretó la mano en cuanto sintió el bisturí nuevamente. —  Lo último que necesitaba era que encontraran dos cuerpos con heridas de combate —respiró despacio—. Ya había llamado la atención; el anciano lo sabía y también necesitaba dinero para sostenerse; no fue difícil elegir. 


— Pudiste reportárselo a Cassandra. 


—Quizás. Pero a esas alturas, no tenía nada para reportarle, ¿Qué le diría? ¿Que solo tenía conjeturas, pero nada viable sobre el paradero de su hija? ¿Mentirle que se había subido a un carguero y desaparecido? ¿Que compraba equipo ilegal para evitar las redes corporativas, o que la chica se había hecho pasar por una pianista para vivir como artista?  No tenía nada igualmente; me faltarían días para tener una prueba sustancial de su paradero, y aun de no haberla tenido e informarle, no habría cambiado el resultado. 


La mujer apagó el cigarrillo en el borde de la bandeja sin responder, con el gesto de quien ha escuchado algo que no va a comentar porque comentarlo sería nombrarlo, y nombrarlo cambiaría algo en el equilibrio de la conversación que prefería dejar donde estaba. Volvió a su asiento y recogió el pad con la misma calma de siempre. Antes de permitirse, así fuera por un segundo, soltar un resoplido.  


El mecanoide completó la extracción del último fragmento con un movimiento que fue idéntico a todos los anteriores, sin ninguna variación que anunciara que era el último. La bandeja quedó quieta. Momento que comenzó a cocer el trozo de piel suelto antes de emplear un pequeño láser para asegurar su curación; generando un olor extraño a carne quemada, que, por algún motivo, le termino dando hambre a Blake. Al terminar la tarea, el mecanoide se aseguró de aplicar gel en la zona para mantenerla desinfectada para su posterior tratamiento, , antes de retirar por último el soporte y devolverle al  ojo la libertad de moverse; ante lo cual parpadeó varias veces seguidas sintiendo un alivio al no percibir el ardor.  


La visión llegó limpia. No perfecta, había una zona en el lateral izquierdo donde el campo aún tenía un borde ligeramente difuso que tardaría en resolverse, pero limpia en el sentido de que era una sola imagen y no dos versiones desfasadas del mismo espacio compitiendo por ser la real. Parpadeó una vez más, luego otra, como si necesitara confirmar que el resultado iba a mantenerse antes de confiar en él. 


—Tuvo suerte de no perder la visión completa —dijo el mecanoide, con la voz neutra que empleaba para los datos clínicos—. El daño por compresión en el módulo de ajuste comprometió el recubrimiento protector del nervio óptico artificial en un treinta y dos por ciento de su superficie. En condiciones normales, ese nivel de exposición sostenida produce degradación irreversible en un período de entre diez y catorce días. —Hizo una pausa que no era dramática, sino simplemente el intervalo entre un dato y el siguiente—. El tiempo en la cápsula de estabilización frenó el proceso. Los sistemas de soporte vital mantuvieron los implantes neurales en estado de baja actividad mediante pulsos de corriente regulada que ralentizan la degradación sin revertirla. No es el protocolo indicado para daño de este tipo, pero en ausencia de intervención específica, resultó suficiente para preservar la función principal. 


—¿En resumen? —pronunció al son que se terminaba de acostumbrar a la visión. 


— La cápsula hizo lo que no debía hacer de la manera que no estaba diseñada para hacerlo y funcionó de todas formas, ¿Es comprensible este nivel explicativo, o debo de emplear terminología más apta, en caso de dificultades de razonamiento? 


No respondió, pero sí observó al robot el tiempo suficiente, para intentar entender si era una forma irónica o solo una lógica tan exacta que no merecía la pena la discusión; de cualquier forma, agradecía volver a ver de la misma manera que poder cambiar de postura. Girando levemente la cabeza hacia el lateral donde el otro brazo articulado seguía trabajando sobre su hombro derecho, y fue entonces cuando lo vio con claridad por primera vez desde que había despertado. 


La prótesis era de fabricación avanzada, lo suficiente como para que los puntos de unión entre el muñón y la interfaz fueran casi invisibles sin saber dónde buscarlos: un sistema de anclaje biointegrado que empleaba microfilamentos conductores para enlazarse  directamente con los nervios periféricos del muñón, del tipo que en los sectores integrados costaba lo suficiente como para que la mayoría de la gente de frontera nunca accediera a uno. 


La mano de la prótesis tenía la proporciones correctas, con una cobertura de polímero sintético sobre el armazón metálico que reproducía la textura de la piel sin intentar imitarla del todo, lo cual era una decisión de diseño que Blake encontró más honesta que la alternativa. Flexionó los dedos despacio, uno por uno, sintiendo el retardo de décimas de segundo entre la intención y el movimiento mientras el sistema calibraba las señales que llegaban desde los nervios, y en ese retardo había algo extraño, no doloroso, sino simplemente desconocido, como aprender el peso de una palabra en un idioma que uno todavía no domina. 


—¿Y la pierna? — preguntó luego de bajar la cabeza y encontrar aún su extremidad ausente.  


—Sigue en trámite —respondió la mujer, sin levantar la vista del pad—. Es algo que se verá después. 


—¿Después de qué? 


—De que terminemos la conversación. 


Blake miró la mano de la prótesis un momento más, cerrando los dedos despacio hasta formar un puño que no tenía ningún propósito particular, solo la necesidad de confirmar que el sistema respondía antes de exigirle algo más. Luego dejó caer el brazo sobre la cama con la resignación específica de quien ha aprendido que algunas negociaciones no tienen un momento mejor que otro para comenzarlas. 


— ¿No te lo he dicho todo ya? 


— No, pero estamos próximos para finalizar.  


— Solo dime lo que falta. 


— Bien, quiero saber lo que sucedió en el teatro. Las noticias se cortan luego del discurso, ¿qué sucedió? —dijo la mujer, dejando el pad sobre la mesa con la finalidad de quien cierra una sección para abrir la siguiente. 


— ¿De verdad es tan necesario? ¿No podemos simplemente saltarnos al final? 

— Lo valdría, pero debo de llenar el reporte.  


— Ah, mierda.  


Blake miró el techo. La luz blanca seguía siendo la misma, sin carácter, sin ningún detalle que la hiciera memorable. Llevó la mano del brazo original hasta el borde de la cama y buscó el cigarrillo que la mujer había dejado a su alcance antes del procedimiento, lo encontró, y lo extendió lo suficiente para que ella lo encendiera en un simple gesto. No le agradeció; hacerlo no cambiaría nada, tan solo se tomó ese breve momento para disfrutarlo, al menos, era de las pocas cosas que podía permitirse antes de decir algo que no quería.  


— No estuve al inicio de la presentación. Solo al final, luego de escapar de los agentes de Tritón. Para cuando llegue, ya había comenzado el tiroteo.  


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