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Agatha:Capítulo 2: Cláusula de permanencia.  

El vestíbulo de Helix Veridian, era todo menos lo que se esperaría de un vestíbulo: extensas columnas de granito oscuro, líneas rojizas decorativas en los alrededores. Y en pleno centro, una fuente de la cual, en los alrededores, se extendían diversas estatuas que recordaban a las que existían en las galerías de la tierra o en naves mercantes. Todo en el lugar en sí le recordaba a un museo, que a una compañía minera. Incluso caminar por el suelo, generaba una sensación de pequeñez, donde el sonido terminaba generando un eco hasta distorsionarse.  Fuera de todo ello, no existían ventanales hacia el exterior, ni pantallas con información de tránsito o similar. Ni siquiera personas que recorrieran de un lado al otro la habitación; solo droides de carga que viajaban por diminutos conductos en la parte superior.  De forma que, incluso al llegar al otro extremo, el edificio generaba la sensación de ausencia; no necesitaba relacionarse con lo que existía fuera de él, ni el exterior podía intentarlo.

 

Al llegar a la zona de los ascensores, los dos hombres no respondieron a sus intentos de conversar ni a sus preguntas sobre el lugar, los ejecutivos o información variada.  Ni siquiera donde había un baño cercano; ellos, solo cumplieron su rol de llevarlo hasta la entrada. Sin siquiera mediar palabra, detenerse a comprobar si alguien los seguía o la posibilidad de pasar por algún puesto de control interno. Dudaba que una compañía no tuviera guardias en cada entrada. La sola pregunta de si sería algo producto de la soberbia o ingenuidad, no facilitaba el proceso una vez dentro del ascensor. El de la izquierda presionó el panel con su credencial, esperó a que el sistema lo verificara con el parpadeo ámbar característico de los lectores de tercera generación. Un rasgo característico de las ediciones administrativas o corporativas, al menos eso, era lo suficientemente reconocible para darle la sensación de constancia.  


El ascensor subió en silencio, una compañía más común de la esperada. Llegando al punto de que el trayecto, se hizo en un parpadeo, sin siquiera alcanzar a escuchar música del mismo o encender la pequeña pantalla de noticias en el centro. Tan solo subió hasta que el aburrimiento le ganó y, sin más, comenzó a revisar nuevamente sus mensajes. Los cuales seguía marcando como pendientes, entre ellos los tres correos de quien guardaba como V, que continuaban bloqueados detrás de un muro de pago que en ese momento no tenía intención de cruzar. Los dispositivos LV3 que usaba como interfaz retinal llevaban tiempo necesitando calibración, el tipo de mantenimiento que requería un técnico certificado y que en los sectores desconectados equivalía a esperar meses o pagar precios que no tenían ninguna justificación salvo la del monopolio geográfico, así que había aprendido a convivir con los fallos menores y a ignorar las advertencias que el sistema interno generaba con una insistencia que en otro contexto habría resultado cómica.

 

Aunque aún no recordaba quién era V, dudaba de que fuera un correo basura, por lo que tuvo que mantenerlo en espera, hasta saber si pagaría o no la oportunidad. Aunque esto último no sería próximo al recordar, que no poseía dinero en ese sistema, haciendo que su estómago rugiera al recordarle que seguía siendo un ser sintiente con necesidades. Ante lo cual y con un suspiro, cerró la última pestaña justo cuando el ascensor se detuvo.  


Al llegar a una de las últimas plantas, donde al abrir presentó un extenso pasillo de paredes de mármol negro, una alfombra rojiza en el suelo y falta de cualquier decoración, salvo una pequeña mesita donde se encontraba un secretario anotando algo en el sistema. Blake miró a los hombres que lo acompañaron, y solo hicieron un gesto con la cabeza para que continuara.  Pero al dar el primer paso, los hombres lo dejaron solo, haciéndolo recorrer el pasillo con rostro perdido. Incluso al llegar a la puerta metálica, el asistente tan solo levantó la vista para verlo de reojo antes de continuar escribiendo algo. 


El asistente no preguntó su nombre; habría sido un acto demasiado cortés para un lugar que no le interesaba. De algún modo, era evidente que ya sabían quién era. En algún punto del trayecto, había sido anunciado de la misma forma que un rumor que viaja entre los pasillos sin quien lo detenga. Al lado del hombre, una placa discreta en la mesa decía: “Dirección Ejecutiva — Helix Veridian”, grabada en metal oscuro sin brillo, como si incluso los títulos prefirieran la sombra a cualquier cosa que pudiera interpretarse como ostentación. 


Salvo la computadora, que era más una proyección sobre la mesa, donde era controlada por los implantes del asistente, que solo tenía que hacer gestos con una mano, para que la información emergiera en la pantalla. Al lado del mismo, se encontraban varias Pads de datos, haciendo que Blake pensara en los tiempos en que el papel comenzó a volverse obsoleto para dar paso a la tecnología. Dejando la pregunta de si aún existía empresa o industria que los usara. Entre tanto, no se le ocurrió otra cosa que mirar a su alrededor: — Espere — dijo el asistente, al verlo moverse, empleando esa voz de quien lleva años pronunciando la misma palabra y ha dejado de esperar que produzca algún efecto distinto al de siempre. 


Blake consideró preguntar por un baño, descartó la idea antes de que llegara a salir, y se conformó con apoyar la espalda contra la pared con la resignación de quien sabe que ese tipo de necesidades no forman parte del protocolo de ningún corporativo de ese nivel. La puerta al fondo no tenía pomo, ni pantalla, ni ranura de seguridad visible, solo una línea vertical en el metal negro que sugería por dónde se abría el mundo, y del otro lado una voz se filtraba con la nitidez suficiente para que quedara claro que no era accidente, que alguien había diseñado ese pasillo con la acústica de quien sabe que los acuerdos importantes empiezan a negociarse antes de que las puertas se abran. 


— Supervisión compartida del segundo anillo — decía la voz—. Con representación de Tritón en el consejo directivo local durante el período de transición. Es una propuesta razonable, señora Cassandra, y ambas partes saldrían de esto con algo. 


Blake inclinó la cabeza lo justo para escuchar sin parecerlo, mientras el asistente seguía escribiendo como si el sonido fuera parte del mobiliario, con esa discreción particular que desarrollan quienes trabajan suficiente tiempo en lugares donde lo que se oye nunca se ha escuchado.  La voz del otro lado pertenecía a alguien entrenado para formular amenazas en el registro del razonamiento técnico, ese tono limpio y sin aristas que los representantes de Tritón Capital habían convertido en marca. 


Al recordar lo escaso que sabía de ellos. Habían comenzado la expansión hacia los sectores de la frontera en menos de diez años bajo la modalidad de compra de deudas, en especial de aquellas colonias donde los derechos de supervisión eran adquiridos, antes que los contratos terminaran su vencimiento: — “Entro para salvarte y luego te ahogo en intereses” —reflexionó al recordar lo que la compañía había documentado de la empresa; al menos en tres sistemas distintos habían aplicado la misma forma, y  siempre seguía la misma secuencia. 


— Helix Veridian no comparte lo que construyó — respondió Cassandra desde dentro, y la respuesta no fue orgullo, sino sentencia—. Si Tritón quiere presencia en el sector, que abra su propia colonia.  Hay suficientes planetas sin desarrollo o sin descubrimiento para que hagan lo que quieran.  


— Eso tomaría décadas — dijo la voz, sin perder el tono —. Y honestamente, no es necesario cuando ya existe una infraestructura funcional. Mire, podríamos hacerlo de otra forma: presentamos esto ante el Consejo como una colaboración voluntaria entre compañías, algo que beneficia la estabilidad del sector. Todos ganan. Mayor financiamiento, desarrollo y expansión y una ganancia...  


— Tritón no gana nada en esta colonia — dijo Cassandra interrumpiendo al hombre—. Y el Consejo no tiene jurisdicción sobre decisiones internas de una compañía con licencia vigente. Ya lo saben. Sobre todo, en colonias en la frontera.  


— Debería ser más agradecida — dijo la voz, y el tono cambió apenas, lo suficiente para que la cortesía dejara de serlo —. Estamos pidiendo una parte, no la totalidad. Esa distinción podría no existir si la conversación toma otro rumbo. 


Hubo una pausa breve del lado de Cassandra, del tipo que no es sorpresa, sino confirmación de algo que ya se esperaba y que resulta igualmente desagradable al escucharlo en voz alta. Blake cruzó los brazos sin moverse de la pared, procesando el cambio de tono con la atención de quien reconoce el momento exacto en que una negociación deja de serlo. El asistente dejó de escribir por un segundo antes de retomarlo, como si incluso él hubiera notado el cambio en el aire, aunque su expresión no revelara ninguna opinión al respecto. 

— Si tienen algo concreto que decir — dijo Cassandra, y la calma en su voz era ahora del tipo que precede a algo —, díganlo. Las irregularidades que mencionan en los informes de producción no prueban nada, todo eso puede ser refutado en una semana. Así que, dejen de seguir presentando informes que detienen la producción y digan lo que quieren.  


— Por fin un poco de honestidad, y tenemos lo suficiente para respaldar el informe. — respondió la voz —. Llevamos tres meses documentando las apariciones públicas de su heredera. O más precisamente, la ausencia de ellas. Registros de actos corporativos, comparecencias ante socios, verificaciones biométricas de los últimos ocho meses, todo cotejado y firmado por un notario interestelar independiente. Evidencia un cambio notorio en el manejo de la colonia.  El Consejo tiene protocolos muy específicos sobre la continuidad operativa en sectores de frontera. 


— ¿Y? 


— Hasta usted debe de ser práctica; cuando una línea de sucesión no puede verificarse de forma presencial y certificada durante un período prolongado, esos protocolos se activan con independencia de lo que cualquiera de las partes prefiera. 


— Lo que están diciendo — dijo Cassandra — es que tienen documentación sobre algo que todavía no han presentado a nadie, y que la presentarán si no acepto su oferta. Mi hija ha estado indispuesta; que no haya asistido a unos eventos, no es suficiente para una acusación.  

— Lo que estamos diciendo — corrigió la voz — es que sería una lástima que el Consejo tuviera que intervenir en un sector que funciona bien. El proceso de revisión toma entre seis y doce meses, durante los cuales Helix opera bajo supervisión externa obligatoria. Eso no le conviene a nadie, y nuestra propuesta evita exactamente eso. Considérelo. En especial, si necesita pasar más tiempo con su familia. Tal vez manejar un corporativo de forma familiar, no sea apropiado. 


La respuesta de Cassandra no llegó de inmediato, y en ese silencio Blake reconoció algo que no esperaba encontrar en esa habitación: el peso específico de una persona que acaba de quedarse sin el movimiento que pensaba hacer. No era derrota, era el instante anterior, ese momento en que alguien recalcula la distancia que creía conocer y descubre que la medición estaba mal desde el principio. Duró poco, menos de lo que habría durado en cualquier otra persona, pero duró. 


— Mándenme la propuesta por escrito — dijo Cassandra al fin,  —. Con todos los términos detallados. Tienen cuarenta y ocho horas. 


— Con gusto — respondió la voz, y en esa satisfacción contenida estaba todo lo que Tritón no necesitaba decir en voz alta. 


El corte fue seco. Y lo que siguió no fue silencio, sino una maldición en voz baja, breve y sin destinatario visible, del tipo que se pronuncia cuando no hay nadie delante, pero el cuerpo necesita sacar algo de todos modos. La puerta al fondo se abrió sin ruido mecánico, con el movimiento lento y sin esfuerzo que Blake ya asociaba con todo lo que Helix hacía en ese edificio, y el asistente levantó la vista el tiempo exacto necesario para indicarle el paso con un gesto mínimo antes de volver a su pantalla. 


— Adelante — dijo —. No toqué nada. 


Cassandra era una mujer joven —al menos eso aparentaba—, de cabello corto que llegaba a la altura de las orejas. Resaltaba un mechón amarillo sobre su cabellera clara, lo cual, junto a las dos líneas metálicas que partían desde la frente hasta recorrer los lados de su rostro. Le era difícil distinguir si se tratase de un implante producto de una lesión o un mero añadido estético. Pero hacía juego junto con su vestimenta, un traje de tonos oscuros con líneas doradas en los bordes.  


Cassandra tomó una botella del lado del escritorio antes de servirse en un vaso. El líquido anaranjado era de tonos demasiado claros como para ser puro, antes de dar un sorbo. Lo cual hacía juego con la oficina, una extensa área diseñada más para imponer que para trabajar. Con paredes de un negro que no reflejaba la luz, sino que la consumía y la devolvía domada en franjas de rojo oscuro que recorrían los bordes de cada superficie como un sistema circulatorio que alguien hubiera decidido hacer visible, un detalle de diseño que en los corporativos de primera generación de Helix funcionaba como firma arquitectónica y que los competidores habían intentado imitar con resultados que cualquiera que hubiera visto el original reconocía de inmediato como copia. No había adornos ni concesiones decorativas de ningún tipo, solo la mesa larga al fondo, una carpeta física encima y un sello de metal que Blake ya había visto en miniatura en la placa del pasillo. Cassandra estaba de pie junto a la ventana con la espalda parcialmente vuelta hacia la entrada, aún sosteniendo la bebida en la mano y la mirada atenta. No se giró cuando él cruzó el umbral, aunque era evidente que sabía exactamente cuándo lo había hecho. 


—¿Cuánto tiempo lleva ahí fuera? — dijo, sin preguntarlo. 


— Lo suficiente — respondió Blake. 


Ella no se giró, solo volvió a dar un sorbo antes de dejar salir un suspiro amargo. Solo entonces se atrevió a mirarlo. No le dirigió la palabra, lo dejó esperando en lo que se terminaba su trago y volvía a su asiento, solo entonces, le hizo un gesto con la mano izquierda, donde resaltaban varios anillos de tonos plata, antes de dejarla descansar sobre la superficie.  


— Llegó tarde — dijo con la mirada sobre Blake.  


— La solicitud llegó hace tres meses — respondió Blake—. Viajar en luz lenta por un sistema desconectado tiene su costo, y si me enviaron la solicitud desde aquí, ya sabían exactamente cuánto tiempo tomaría antes de hacerlo. 


— Lo sabíamos y, aun así, le demoró tres meses.  


— El sistema al que me enviaron no tiene nodos de salto activos — dijo Blake—. Lo cual significa que el trayecto de ida se hace en luz lenta, el de vuelta también, y que en ninguno de los dos el tiempo negocia. Si querían algo más rápido, tendría que haber sido otro el que fuera. 


Cassandra lo observó un momento con la paciencia de quien evalúa maquinaria y no personas, procesando la respuesta sin que ningún elemento de su expresión revelara si la consideraba satisfactoria o simplemente inevitable. Luego señaló la silla frente a su escritorio con un gesto breve y tomó asiento ella primero, con la economía de movimientos de quien no realiza ningún gesto que no haya decidido llevar a cabo. 


— La razón por la que está aquí — dijo — es porque necesito a alguien externo a esta compañía que pueda moverse en esta colonia sin que su presencia se asocie con Helix. 

— Soy detective, no rastreador. 


— Y, aun así, su compañía lo envió, ¿no? Ahora bien, usted cumplirá una función y eso es todo.  


— No explica por qué me necesita. 


— Es un civil con licencia.  Con acceso a registros que mis propios agentes no pueden consultar sin levantar preguntas, y con la discreción suficiente para evitar convertirse en un problema adicional. 


— Sugiere que ya tiene problemas suficientes sin añadir uno más. 


— Es exactamente la razón por la que está sentado ahí. — Hizo una pausa breve antes de continuar —. Necesito que encuentre a mi hija. 


Blake esperó, porque en ese tipo de solicitudes siempre había algo más, y el silencio era la forma más eficiente de averiguar cuánto tiempo tardaría el otro en decirlo. Cassandra abrió la carpeta sobre la mesa, pasó dos páginas sin detenerse en ninguna y habló sin levantar la vista del papel, con la cadencia de quien ha ensayado la versión más corta de algo que en realidad es largo. 


— Lleva meses sin aparecer en actos públicos, en reuniones, en cualquier contexto que requiera su presencia verificable. Lo que acaba de escuchar es Tritón usando esa ausencia como palanca, y tienen documentación suficiente para hacerlo creíble ante el Consejo. Si no resuelvo esto antes de que presenten esa documentación, pierdo la colonia o pierdo la mitad de ella, que en la práctica es lo mismo. 


Antes de que Blake pudiera responder, la puerta lateral se abrió sin que nadie la anunciara, con el timing de una interrupción que nadie había planeado o que alguien había planeado demasiado bien. Una joven entró con una carpeta delgada entre las manos, los pasos medidos y sin prisa, como si el tiempo se le hubiera enseñado de memoria y hubiera resultado ser un buen estudiante. Se detuvo junto a la mesa, depositó los documentos con una precisión que no tenía nada de nerviosa y habló sin levantar la vista del papel. 


— Informes del anillo cinco — dijo, con una voz que era limpia de la forma en que son limpias las cosas que no han acumulado suficiente tiempo para volverse otra cosa. 

 

Caminaba con rectitud, cada gesto demasiado formal para darse cuenta de lo rígido que era. Compartía el mismo tono de cabello que Cassandra, salvo las líneas oscuras en algunos mechones. De ojos claros, de un tono miel, y piel demasiado cuidada, estética incluso. Nariz perfecta, labios delicados, junto con su piel clara. Al momento en que ella dejó los documentos sobre la mesa, no pudo evitar analizarla. Buscar cualquier gesto, por más mínimo, para aprender.  


Desde un parpadeo nervioso, una respiración mal colocada, cualquier nimia imprecisión que los cuerpos producen cuando no están pensando en producirla. No lo encontró. Encontró lo otro: una mancha tenue cerca del cuello donde la piel no terminaba de decidir su tono, un brillo seco en los labios, marcas repetidas en la muñeca del tipo que dejan las agujas cuando vuelven siempre al mismo sitio. No era enfermedad ni adicción ante el cuidado del alrededor. Sobre todo, al momento en que ella lo miró antes de ver a Cassandra con una mezcla de confusión y duda. Suficiente para que Blake soltara una risita.   


— Bueno — dijo, y el humor le salió como reflejo antes de que pudiera decidir si era el momento adecuado —. Parece que ya la encontré. Le cobro la mitad. 


Cassandra no sonrió ni cambió de expresión, levantó dos dedos y señaló la silla contigua a la de Blake con la economía de quien no va a repetir el gesto. — Siéntate — ordenó, y la joven obedeció con la naturalidad de quien ha dejado de considerar esa pregunta hace suficiente tiempo como para que ya no le cueste nada. Ese simple gesto, le dio la respuesta que venía construyendo desde hacía unos segundos. Lo suficiente como para que la chica intentara cubrirse las marcas. 


— El uso de clones suele estar penalizado —pronunció Blake luego de unos segundos, con una neutralidad que fue suficiente para que ambas mujeres lo miraran de inmediato.  


La joven levantó la vista del brazo que intentaba cubrir con la manga, y lo miró con una expresión que no era exactamente molestia, sino algo más parecido al tipo de incomodidad que produce que alguien nombre en voz alta algo que todos en la sala están fingiendo no ver: — Selene — dijo, con una firmeza que contrastaba con el gesto de cubrirse las marcas —. Me llamo Selene. Volvió a pronunciar el nombre en la medida que lo sostenía ante el hombre.  


Blake la miró un segundo, luego  a Cassandra y ella no dijo nada, solo sostuvo la mirada sobre la joven con la expresión de quien espera que algo termine por sí solo, y Selene, al recibir esa mirada, bajó los ojos y dejó que la mano volviera sobre el brazo con la resignación silenciosa de quien ha tenido esa conversación demasiadas veces como para seguir peleándola. 


— Mi hija empezó a usar clones hace tres años — dijo Cassandra, con la cadencia de quien abre un expediente y no una conversación —. Los sectores de frontera tienen mercados de impresión biológica que operan fuera del registro de la Liga, lo cual en la práctica significa que cualquiera con los créditos suficientes y la discreción necesaria puede acceder a ellos sin que quede rastro en ningún sistema que yo pueda consultar oficialmente. 


— ¿Y usted lo sabía — dijo Blake — y no hizo nada? 


— Lo sabía — confirmó Cassandra —. Y no lo detuve porque el resultado era funcionalmente idéntico. No somos santos y no justificaremos nada. Todo alto corporativo tendrá uno que otro clon para evitar situaciones de peligro. — Al hablar, lo hacía con tanta neutralidad como quien se refiere a un objeto decorativo. —Cumplen su función y son descartados.  Mi hija y yo tenemos visiones distintas sobre esta colonia, sobre cómo debe administrarse y sobre qué representa, y esas diferencias llevan años haciendo que prefiera estar en cualquier otro lugar antes que en una reunión del consejo directivo. —  Se detuvo un momento luego de recibir un mensaje, teniendo el mismo brillo leve en los ojos antes de volver a hablar, revelando que usaba un implante de comunicación. — Los clones le daban esa libertad, y mientras el trabajo se completará, la distinción entre quién lo producía no tenía valor operativo para mí.  


— Hasta que dejó de ser su hija quien estaba — dijo Blake y la expresión de la mujer no cambió.  


— Me alegra que preste atención. — Era difícil saber si era consideración o ironía. —Me tomó tres meses en darme cuenta de que era un clon... Hizo una pausa al notar la incomodidad de la chica. —De que era Selene y no mi hija quien llevaba apareciendo en cada reunión, en cada acto, o contexto que requería su presencia — respondió Cassandra, y en esa admisión no había vergüenza sino algo más frío —. Selene cumplía su función con una exactitud que, en algunos aspectos, superaba lo que mi hija habría producido. Para cuando lo descubrí, cambiarla no tenía ningún sentido práctico. 


Blake miró a Selene. Ella sostenía la vista en algún punto de la mesa entre los dos, con la quietud de quien ha aprendido a estar presente en conversaciones sobre sí mismo sin participar en ellas, aunque algo en la línea de la mandíbula sugería que esa quietud tenía un costo que no era visible desde fuera. — “Tres meses descubriéndolo” — pensó Blake —. “Y otros tres antes de llamarme. Lleva más de seis meses activa, lo cual no es lo que debería ser posible con un clon de asesoramiento rápido y, sin embargo, aquí está, está muriendo.” 


Al observar de cerca a Selene, comprendía en la etapa en que se encontraba. Los clones que nacían de un aceleramiento rápido, no estaban diseñados con la infraestructura biológica necesaria para sostener una identidad a largo plazo porque nadie que los fabricara había considerado el largo plazo como una variable relevante. El proceso de impresión genética que se empleaba en los mercados no certificados de los sectores de frontera usaba material base de calidad variable, acelerado con supresores de maduración celular que permitían producir un clon funcional en semanas en lugar de meses, pero que dejaban en el sustrato biológico una fragilidad estructural que el tiempo se encargaba de cobrar con intereses.  


Los primeros fallos eran siempre periféricos: inconsistencias en la pigmentación, microtemblores en la musculatura fina, una lentitud imperceptible en los reflejos que solo alguien que buscara notarla notaría. Luego venían los fallos de memoria procedimental, los momentos en los que el clon ejecutaba una tarea con una ligera variación respecto al patrón original, suficiente para que alguien que lo conociera bien lo detectara, aunque no supiera nombrar exactamente qué había cambiado. Sin contar los casos en los que los que podían desarrollar la degradación orgánica: órganos que empezaban a operar fuera de los parámetros para los que habían sido impresos, sistemas que el cuerpo no podía reparar porque el material genético base no contenía las instrucciones necesarias para hacerlo. 


En resumen, ella había nacido para morir pronto y eso es lo que pasaría. No era un caso habitual; incluso los clones creados con exactitud para funcionar por años o siglos venían con sus propias variaciones de mercado. Desde los que desarrollaban defectos tardíos, o hasta los casos de estudio donde formaban una conexión con el individuo original, comenzando una suspensión entre ambos donde comenzaban a perder funciones, tanto el original como el duplicado, que solo se recuperarían una vez que uno de los dos falleciera. Aunque al ver a la joven, dudaba que este fuera uno de esos casos.  


— Hace un mes empezó a fallar — dijo Cassandra, con la misma cadencia de antes—. No en el trabajo, todavía no, pero sí en los márgenes. Cosas sutiles que alguien que no la conociera no notaría, pero que yo noté. 


— Las marcas en el brazo —señaló Blake antes de acomodarse en el asiento, su vegiga le recordaba el tiempo que había pasado.  


Al oírlo, Selene volvió a bajar la cabeza, antes de cubrirse el brazo una vez más, como si ese gesto fuera suficiente para evitar lo que sucedería a continuación.  


— Entre otras cosas — confirmó Cassandra—. Los tratamientos que la mantienen funcional requieren intervención química regular, y los materiales no son baratos ni fáciles de obtener en un sector de frontera sin que la adquisición levante preguntas. —  Tomo nuevamente la copa, aun con algo de licor en su interior. — Tengo médicos que se encargan de eso, y tengo la discreción suficiente para que no haya llegado a los registros de nadie. Pero el margen se estrecha, y el momento en que Tritón presentó su documentación al Consejo dejó de ser una posibilidad remota para convertirse en una cuenta regresiva.  —Dio un trago, dando pie a que los tres respiraran.  


Selene no se movió durante todo esto, aunque Blake notó que la mano que cubría las marcas del brazo había apretado ligeramente el tejido de la manga, el tipo de gesto que no es decisión, sino respuesta; el cuerpo respondiendo a algo que la mente preferiría no estar escuchando. 


— Lo que necesita — dijo Blake— es que encuentre a su hija antes de que Selene llegue al límite, porque si Tritón presenta esa documentación y la heredera no aparece en público en condiciones verificables, pierde la colonia de todas formas. — Hizo una pausa breve—. Y si su hija está muerta, necesita saberlo antes de que lo sepa Tritón. 


— Y pensaba que tendría que explicarlo con manzanas. — La ironía era evidente. — Por regulación, un clon no puede ejercer un cargo con poder. De ser el caso, se genera un impedimento ante el cambio, avance o adaptación. De saber que la compañía quedaría en manos de uno, sería suficiente para la sustitución de mi actual puesto. 


— Entenderé que busca que su hija este viva para evitarlo, pero ¿y si está muerta?  


— Entonces necesitaré que obtenga material biológico para reparar al... — dio un trago al ver la reacción de la joven. — Selene y pueda cumplir su rol. De ser el caso contrario y no hay muestra que pueda recuperarse, entonces necesito la confirmación; con eso será suficiente para  esperar que pase lo inevitable y presentarme como una madre que ha perdido a su hija. Asegurará el puesto, junto con la compañía.  


La habitación quedó en silencio un momento, y en ese silencio Blake miró a Selene, que había levantado la vista de la mesa y miraba a Cassandra con una expresión que era difícil de nombrar con precisión. La misma que de seguro tendría el mismo al escuchar las implicaciones de lo que significaba trabajar en ese caso. Había suficientes cosas horribles en esa conversación como para empezar a nombrarlas.  


— No — dijo Blake. 


Cassandra lo miró sin cambiar de expresión: — ¿Perdón? 


— No voy a tomar el caso — dijo Blake —. Lo que acaba de describir no es una búsqueda, es una cadena de opciones donde cualquier resultado que encuentre termina siendo útil para usted y ninguno necesariamente lo es para quien está sentada a mi lado. —Selene al oirlo, pareció respirar. — Hay rastreadores privados en este sector que harán esto sin hacerle preguntas, y algunos de ellos serán más discretos que yo. 


— No hay rastreadores privados en este sector con licencia civil interestelar y acceso a los registros de Cobalto Investigaciones — respondió Cassandra, con la paciencia de quien esperaba esta respuesta y ha preparado la siguiente —. Y aunque los hubiera, el problema no es encontrar a alguien dispuesto a buscar. El problema es que si mando a cualquier agente con vínculo visible a Helix, Tritón lo sabrá en menos de cuarenta y ocho horas y lo usará como evidencia adicional de que hay algo que buscar. Usted es un rastreador privado externo con un contrato civil que no tiene el nombre de esta compañía en ninguna parte. 


— Sigo sin querer el caso — dijo Blake. 


— Preferiría irse — dijo Cassandra, y no era una pregunta. 


— Exactamente. Y le daré de regreso su dinero, si es lo que prefiere. —Confirmó Blake. 


Cassandra abrió el cajón lateral del escritorio, sacó una carpeta delgada y la deslizó sobre la mesa hacia él con los dos dedos de siempre, con la misma economía de gesto con que había deslizado todo lo demás. Blake la miró sin tocarla. — Contrato civil externo — dijo Cassandra —. Rastreo y recuperación. Arbitraje de frontera. Cláusula de permanencia activa en sector categoría D. 


Blake la miró un momento antes de abrir la carpeta. La leyó con la atención de quien busca la parte que sabe que va a encontrar y que va a ser exactamente tan mala como esperaba. El acuerdo de la Liga del año cuarenta y dos sobre arbitraje en sectores desconectados era una pieza de legislación que Cobalto Investigaciones empleaba con la regularidad suficiente como para que Blake la conociera de memoria, y que detestaba con la misma regularidad por razones que el texto hacía difícil refutar: un agente privado operando bajo contrato civil en territorio sin jurisdicción consolidada no podía retirarse unilateralmente de un caso activo sin incurrir en incumplimiento contractual, lo cual en sectores de frontera categoría D no era una multa sino la suspensión permanente de la licencia interestelar, que era en la práctica el único documento que le permitía moverse entre sistemas sin depender de contrabandistas como Rho 


— Si intenta irse sin resolver el caso — dijo Cassandra —, Seg-C tiene instrucciones de detenerlo en cualquier punto de salida del planeta. Si muere, el contrato se cierra por causa de fuerza mayor y Cobalto archiva el caso. Las dos opciones restantes son resolverlo o quedarse en Veridian indefinidamente. —  Al oirla, Blake dejo la carpeta sobre la mesa, con una expresión difícil de aceptar. Y ninguna compañía de rastreo con licencia vigente puede permitirse tener un agente bloqueado en un sector de frontera sin resolución formal. Sin contar que, no tiene opciones de ganarse la vida aquí.  


Blake miró el techo un segundo:— "Te atan con palabras porque sale más barato que una cadena" — pensó Blake —. "¿Por qué debí aceptar este caso?" — se maldijo a sí mismo al pensarlo. Luego miró a Selene, que sostenía la vista sobre él con una expresión que era imposible de leer con certeza, pero que contenía algo que no era exactamente esperanza, sino una versión más pequeña y más cautelosa de lo mismo.  


— Quiero acceso completo a las habitaciones de su hija — dijo —. Registros de movimiento de los últimos doce meses, no seis. Todo, sin filtros previos de su parte. Si ella se movía por la colonia, necesito saber dónde frecuentaba.  


— Tendrá lo que necesite — respondió Cassandra, con la brevedad de quien ya asumía que la respuesta sería esa. 


— Y cuando termine — dijo Blake —, independientemente de lo que encuentre, el caso se cierra y me voy. Sin cláusulas adicionales, sin extensiones de contrato, sin ninguna otra solicitud que no esté en ese papel. 


— Cuando termine el caso — dijo Cassandra —, no tendrá ningún motivo para quedarse y yo ninguno para retenerlo. — Hizo una pausa y miró a Selene con la brevedad de quien da una instrucción —. Llévalo a los aposentos de mi hija. Que vea lo que necesite ver. 


Selene se puso de pie sin decir nada, con el movimiento cuidadoso de quien administra la energía disponible sin que parezca que lo está haciendo, y esperó junto a la puerta con una paciencia que no era sumisión, sino simplemente la actitud de quien no ve ninguna razón para apresurarse. Blake recogió la carpeta del escritorio, la guardó bajo el brazo y se levantó. Antes de llegar a la puerta, se detuvo un momento sin girarse del todo. 


— Cassandra — dijo.


Ella levantó la vista. 


— Si encuentro algo sobre su hija, que no le conviene — dijo Blake —, igual se lo digo. Ese también forma parte del trato. 


Cassandra no respondió de inmediato, y en ese silencio breve Blake no esperó la respuesta, sino que siguió hacia la puerta donde Selene esperaba, dejando la pregunta suspendida en el aire de la oficina como una de esas cosas que en ese edificio todos fingían no haber escuchado. La mujer volvio a servirce otra copa, antes de girar la silla y permitirse observar por fuera del ventanal. Independiente de si deseaba saber o no, sobre su hija, debia de pensar en la compañía, la misma que, fuera de su ventana, presentaba un mensaje claro: — “Sesenta y siete años de trabajo ininterrumpido” — y se aseguraría de que así continuara.  



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