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Agatha: Capítulo 10: Extracción 


— “Qué frío” —fue la primera expresión que consideró desde el suelo. El techo del teatro se extendía hasta donde observaba. Fijándose en los tonos oscuros, las luces parpadeantes y la sensación incómoda que proviene de quien aún no vuelve en sí, luego de una caída. Intentó moverse, pero un peso se lo impedía e, incapaz de reaccionar por sí misma, se mantuvo en la misma posición, la cual solo permitió que sus sentidos volvieran uno en uno, comenzando con el sonido.  


Los gritos se sintieron antes que el de los disparos, los cuales llegaban amortiguados y luego demasiado cerca, antes de continuar con el coro de lamentos, de llantos y desesperación que se superponían sin que pudiera distinguir de dónde venían. Todo para volver al mismo lugar de inicio, el frío del suelo del escenario que se agrandaba y encogía en la medida que intentaba hacer algo. Para cuando sus piernas reaccionaron e intentó levantarse, fue en vano cuando algo más la tomó con fuerza.  


No fue un gesto delicado ni tampoco violento, sino del tipo urgente y funcional que no pide permiso porque el tiempo no lo permite. Aunque se preguntó de quién se trataba, tampoco pudo reaccionar, al comenzar a sentir el dolor de cabeza. La arrastraron desde el brazo, distanciándola del escenario y con ello, de la imagen violenta a la par que salpicada del rojo vinotinto de la sangre que saltaba en todas direcciones, partiendo desde la primera fila de asientos, donde dos corporaciones se enfrentaban en una batalla sin ceder un solo espacio, aun cuando los cuerpos comenzaban a acumularse a su alrededor.  


Los bastidores eran un espacio distinto al que recordaba de hace una hora, más silencioso, íntimo y, entre todo eso, seguro. Intento volver a moverse, reaccionar o hacer algo, pero quien la sujetaba no dio brazo a torcer y la mantuvo en esa posición de muñeca de trapo.  Durante el recorrido, desde algún punto de la sala llegó el sonido de más disparos, estos más cercanos para momentos después sentirse lejanos; se preguntó cuántos habrían muerto para aquel momento. Cerró los ojos un segundo, casi rezando por todos aquellos que no volverían a casa ese día: —Si existe algún dios, nos ha abandonado. — Lo dijo en voz alta, creyendo que al hacerlo sería suficiente.  


Para el momento en que pasaron el corredor, tomó la decisión de detenerse. En un gesto brusco, casi infantil, se separó de quien la tenía, cayendo de espaldas y, con la mirada perdida, volvió a hablar: — No quiero morir. — Repitió en un tono casi infantil, un susurro no dicho por quien teme la consecuencia, por lo que alzó la mirada con miedo al hacerlo: — Pero si vas a matarme, hazlo ahora, no quiero seguir viviendo así. — Esperaba un arma, un cañón apuntando a su frente, cualquier cosa, pero a cambio, recibió un par de ojos de tono café claro, uno irritado y otro fragmentado, que al verla se detuvo con extrañeza.  

 

Lo reconoció y no lo reconoció al mismo tiempo. Era el mismo hombre que había estado en la oficina de Cassandra, que había recorrido su apartamento con la atención de quien lee un espacio antes de habitarlo, que se había sentado frente al piano y había encontrado de semanas que ningún lavado había corregido, y una expresión que no era la del investigador reservado, casi indiferente, sino la de un hombre fatigado, con el hartazgo en la mirada.  


—¡Blake! —Pronuncio su nombre con cierta alegría, a la par que miedo al hacerlo. —¿Por qué? —fue la siguiente pregunta que le surgió al no saber cómo reaccionar. 


—No lo sé —respondió en medio de una respiración antes de arrodillarse ante ella. —Pero tenemos que irnos. 


—“¿Por qué?”— habría sido la siguiente pregunta de ella, si él no la hubiera detenido, si no la hubiera tomado de los brazos y arrojado a un lado, empleando el cuerpo del detective para evitar hacerle algún daño. Con un brazo la protegió y con el siguiente desenfundó antes de disparar. Apoyó su cabeza en el pecho de él; tenía miedo, miedo de ver, de presenciar la muerte, la violencia y lo que eso significaba. Quería decirle que no lo valía, que ella merecía morir por lo que había hecho esa noche, que todo eso era su culpa, pero no pasó, nunca pasaba algo cuando quería decir lo que sentía. En cambio, el olor a sangre y carne carbonizada se juntó en uno solo, dándole ganas de vomitar. 


—Es tiempo de seguir. Mírame a mí, no mires a nadie más. —Le ordeno con la suficiente autoridad para que ella asintiera, ignorando el alrededor.   


Blake jadeaba con fuerza con cada paso que daba. En el momento que tuvo la oportunidad, solía detenerse para respirar antes de continuar caminando con el arma en dirección al pasillo. Cada tanto pedía que se detuvieran, le señalaba el alrededor antes de decirle que continuaran, que no había nada adelante. Quería hacerle caso, mantenerse en silencio, pero en cuanto llegaron a pasar por una señal que anunciaba la salida, no pudo reprimirse más. 


—¿Por qué has venido?  


— Es una buena pregunta. —Se demoró en responder, en cuanto le pidió que le ayudara a sostenerse. Solo entonces comprendió la herida en su pierna que había dejado un hilo de sangre durante el recorrido.  


— Soy desechable. Podrías haberte ido. 


— No lo hice. Añadió en cuanto señaló que continuaran caminando.  


— No lo entiendo. 


— Ni yo, pero, me dijiste que no querías morir —respondió, con el tono de quien cita algo que escuchó y guardó sin saber todavía para qué. — Eso debe valer algo. 


No se atrevió a preguntarle ni replicarle, pero hubo algo en ese instante que le hizo sentirse vista, aun si las condiciones en las que se encontraban eran esas. Ese algo era suficiente para querer intentarlo. Al menos, intentar comprender por qué él se atrevería a arriesgarse por ella. Por un clon, por un producto creado para el descarte después de su uso, y aun ante eso, él seguía ahí.   


En cuanto llegaron a la puerta de salida, se encontraron con una plancha de metal sin señalética que cedió con un empujón y los devolvió al exterior con el aire de la colonia encima; en sí, no era una calle como tal, sino un corredor estrecho entre el muro trasero del Tenerius y el bloque residencial. A diferencia de otros sectores o espacios repletos de colores, publicidad y luz, este era, en cambio, distante; de grises oscuros y distancia con cualquier otro espacio visible. 


Lo cual, en parte, fue un beneficio para ellos, porque en ese espacio con la penumbra relativa, se observaba a un ejecutivo de rostro osado que intentaba abrir su vehículo, un aerodeslizador que no reaccionaba ante sus intentos de exigirle que encendiera. Todo era presenciado por su asistente, de pie junto a la puerta del copiloto, sosteniendo una tableta con la postura de quien lleva suficiente tiempo esperando como para haber dejado de calcular cuánto falta. 


El asistente los vio en cuanto la apariencia desaliñada de Blake cubrió el espacio entre la puerta y el vehículo, antes que alguno de los dos realizara algo. Aunque el ejecutivo intentó actuar, fue en menos de un parpadeo que su rostro se encontraba tocando el suelo, con una nariz sangrante y la mirada adolorida: — ¿Algo más que decir? —añadió Blake al observar al asistente, quien negó rápidamente con la cabeza antes de dar un paso hacia atrás y comenzar a huir.  


— ¿Era necesario hacer eso?  


— Era un idiota. — La respuesta de Blake fue tan neutra que le hizo dudar a Selene al verlo tomar las llaves del inconsciente hombre. — Ahora entra.  


Selene acató la orden en silencio, entrando con cierta incomodidad al vehículo en lo que el detective rodeaba el vehículo y subía al puesto del conductor con una seguridad que solo podía atribuir a que no era la primera, ni sería la última vez que hacía algo así, aunque los constantes quejidos e insultos a medias que pronunciaba una vez dentro le causaban cierta gracia. Algo de lo que no parecía darse cuenta en la medida que revisaba los controles del vehículo.  


Había algo en él que le llamaba la atención, aunque le costaba comprenderlo. No era tan ingenua para suponer que lo que estaba haciendo nacía de un afecto que no había tenido tiempo de formarse, pero aun ante ello, el cuidado, atención y forma seguían siendo llamativos. Sin necesidad de explicarse, sin pedir reconocimiento o buscar algo más allá. Fuera lo que fuese, le causaba intriga al verlo. 


— ¿Sucede algo?  


La pregunta de Blake la tomó de sorpresa al tiempo que el zumbido del motor resonaba brevemente antes de quedar en un leve ronroneo. Al tiempo que él acomodaba los controles. En busca de la comodidad, antes que nada. Ante ellos una pantalla se desplegó, presentando el exterior con una nitidez que llegaba al límite de olvidar que era una simple imagen y nada más. Antes de siquiera alcanzar a responder, el movimiento que siguió fue igual de suave, evitando sentir el momento en que se encontraban en el aire, de no ser por la pantalla, ella habría asegurado que se mantenían en tierra.  


 — Ah... ¿A dónde vamos?  


— Hacia una estación de tránsito en el sector industrial norte — dijo, con la vista en los controles y los espejos en igual proporción —. Hable con alguien que puede sacarnos del planeta. 


— Suena difícil de creer. Helyx controla todos los accesos legales.  


Hubo algo en la preocupación de ella, que le causó gracia al hombre. Si todo fuera como lo planteaban en papel, las personas como Rho no serían necesarias en la galaxia y los sectores desconectados, ante lo cual asintió al pensar en el viejo y mal hablado pirata. Lo que para ella era un extraño gesto, para él era simplemente, un intento de mantener la concentración en un escenario que solo se ponía peor con cada avance que daban, en especial cuando ella volvió a hablar.  


—¿Por qué el riesgo? — dijo, sin acusación en la voz, solo la pregunta genuina de quien necesita entender antes de confiar —. Podrías haber salido solo. Nadie te pedía que hicieras esto. 


Blake tardó en responder el tiempo suficiente para que Selene pensara que no iba a hacerlo. Seguía manteniendo la mirada fija en la vía, o la ausencia de la misma. Pasando entre edificios, carteles y publicidad que se extendía en todas direcciones en mil y un colores neón, antes de que pasaran frente a una pantalla tan grande como un edificio y de ella emergiera el logo de Hélix antes de dar pie a la imagen del teatro bajo el titular de: “Muerte en el teatro Tenerius” antes de cambiar a una fotografía de Selene que la anunciaba como desaparecida, luego de otra presentando el mismo anuncio, pero ahora, mostrando a Cassandra.  


Ambos observaron en silencio la figura antes de seguir el recorrido: — Ella no está muerta. — Fue lo único que dijo Blake en cuanto la luz amarillenta quedó a la distancia, devolviéndolos al azul y gris de la colonia.  


— Eso no lo sabes. Si yo no hubiera  hablado, si no hubiera hecho eso, la gente, todo ellos ahi dentro... 


— Nada hubiera cambiado. 


— ¡No tienes forma de saberlo! 


—Sí, lo sé — Blake la observó con cierta indiferencia al hablar. — Todo iba a suceder de un modo u otro; Triton lo había planeado todo. 


— ¡Mientes! 

—  Ojala. — Hubo cierta gracia en su rostro al decirlo. — No eres tan importante. —Al decirlo, Selene abrió los ojos en sorpresa antes de tomarse de las manos. — Todo estaba preparado antes de que abrieras la boca. Iban a exponerte de un modo u otro imágenes, documentos, y sin más, tú solo te adelantaste. 


— Aun por haberlo hecho, la gente murió. 


— Habrían muerto de igual forma.  


La angustia se dibujó en el rostro de ella, llegando a apretar ambas manos antes de que su mirada cambiara de la angustia a la ira y de ella a la tristeza Ni siquiera su dolor podía permitírselo, ni siquiera el sentir que se había equivocado porque no habría sido decisión de ella. Si todo terminaría igual, no le encontraba sentido a lo vivido, al intento de al menos por una vez, tener una voz. 


— Mientes. Volvió a repetir, ahora casi al borde de las lágrimas. 


— ¿Por qué necesitas culparte? 


—Porque si lo es — dijo —, al menos sé que existo. Que algo de lo que hago importa, aunque sea para mal. — Se señaló a sí misma con un gesto pequeño y sin dramatismo —. Si no, entonces solo soy esto. Un cuerpo que alguien fabricó para ocupar el lugar de otra persona, y que lo hizo tan bien que nadie notó la diferencia durante meses. — Su voz no se quebró del todo, pero estuvo cerca —. Eso es peor que haber causado algo. Eso es no haber causado nada. 


La primera lágrima llegó sin que ella hiciera ningún gesto para detenerla, y no la limpió, solo la dejó estar mientras miraba sus manos con la quietud de quien ha dicho algo que llevaba tiempo sin nombre y que ahora que tiene nombre no sabe qué hacer con él. Blake no dijo nada. Mantuvo la vista al frente y el aerodeslizador siguió avanzando, incapaz de decirle algo. El llanto de Selene no era ruidoso ni dramático. Era del tipo silencioso, pequeño y ausente, tanto que, si no la observara, no sabría que lo estaba haciendo. 


No le hablo, tan solo continúo recorriendo la ciudad, la cual los recibió con su indiferencia habitual, pero algo había cambiado en ella desde que salieron del teatro. Las pantallas que antes alternaban entre publicidad corporativa y titulares de rutina ahora mostraban todas la misma cosa desde ángulos distintos, imágenes aéreas del Tenerius con las luces de emergencia activas en el perímetro, unidades de patrulla de Helix cerrando los accesos del tercer anillo, drones de vigilancia reorientándose sobre el sector administrativo.  


Y en una de las pantallas más grandes, la presentadora de ojos rojizos hablaba frente a imágenes que cambiaban cada pocos segundos: el exterior del teatro, el logo de Helix sobre fondo negro, una fotografía de Selene que Blake ya había visto antes y que ahora aparecía en todos los canales con la constancia de algo que el sistema había decidido que era urgente. En otra pantalla, más pequeña y en el lateral de un bloque residencial, un mapa de la colonia mostraba en rojo los sectores bajo protocolo de seguridad activa, y el rojo se extendía desde el tercer anillo hacia el segundo con la velocidad específica de las cosas que no esperan. 


Blake lo miró todo desde el cristal del aerodeslizador, sin apartar los ojos del exterior, y en el reflejo del cristal estaba él también, superpuesto sobre la ciudad que seguía moviéndose detrás, un hombre con el ojo fracturado, la ropa deteriorada y una apariencia que lo asemejaba más a un obrero que a un detective. Le causaba cierta gracia verse de esa forma, y aún más, cuando fue incapaz de reconocerse, creyendo que al menos por un segundo, era alguien más El mundo seguía, y ahora, ellos también Selene había dejado de llorar para el momento en que la observo; ahora ella estaba con la cabeza agachada y las manos entrelazadas entre sí No había nada en esa imagen que le recordara a una heredera corporativa o a un clon fallecido; simplemente, era una niña asustada, sin saber qué hacer. 


Entre todo eso, se rascó la parte baja del cuello cuando a lo lejos, pudo divisar la terminal de carga, donde las luces anunciaban el despegue de otra nave y, con suerte, la oportunidad de marcharse de ese lugar. Estaba igual de fatigado de la colonia que ella, por lo que, sin más, sin saber si era locura o conciencia, miró primero los espejos, luego   el reflejo en el cristal una vez más, y suspiró. 


—No sé qué decirte — dijo Blake, sin apartar la vista del frente —. Porque ni siquiera yo lo sé. 


Selene levantó la cabeza despacio, con la expresión de quien no esperaba escuchar eso y no sabe todavía si es un consuelo o algo distinto. Blake siguió con los ojos en el camino, como si hubiera dicho algo completamente ordinario, aunque ninguno de los dos pensaba que lo era. Y ninguno se atrevería a darle sentido, a lo cual, ella mantuvo la mirada en él, antes de que cerrara el ojo fragmentado.  


—¿Qué quieres decir? — dijo ella. 


Blake tardó. Ajustó el curso con el tic de siempre en la prótesis, y cuando habló, lo hizo fue torpe, lento e incluso extraño: — Yo también desperté sin saber quién era — dijo —. Sin nombre, sin historia, sin nada que me dijera qué se suponía que debía hacer con lo que quedaba. — Hizo una pausa breve —. Alguien decidió lo que era antes de que yo pudiera opinar al respecto. No de la misma forma que contigo, pero el resultado se parece más de lo que me gustaría admitir. 


Selene lo miró, procesando eso con la atención de quien acaba de recibir algo que no esperaba y que le exige estar presente, aunque el cuerpo todavía esté en otro lugar. Se limpió la comisura con el dorso de la mano en un gesto pequeño y sin ceremonia, y volvió a mirar el exterior, donde la colonia seguía mostrando sus pantallas con la indiferencia de siempre. Dudo de si hablar o no, pero estaba harta del silencio.  


—¿Y no te importa? No saber quién eres, de dónde vienes, por qué estás aquí. 


—Me importó — respondió Blake al asentir, sin llegar a verla. —. Durante mucho tiempo fue lo único que me importaba. Buscaba en cada caso, en cada lugar, en cada persona que encontraba, algo que me dijera quién había sido antes de despertar en ese planeta. — El aerodeslizador tomó una curva y la ciudad se abrió brevemente antes de cerrarse de nuevo —. En algún punto dejé de hacerlo. Porque me di cuenta de que seguía siendo el mismo con o sin la respuesta. 


Selene frunció el ceño levemente, no era suficiente, nunca lo sería: —Eso no te molesta — dijo, y no era una pregunta sino una observación —. No saber. 


—Claro que me molesta — pareció reírse al decirlo—. Pero hay cosas que se aprenden a cargar sin que dejen de pesar. —Abrió la boca, creyó decir algo, pero solo salió un leve sonido antes de que fuera coherente. — No hay una respuesta, puedes quedarte ahí y morir bajo el, o moverte con él.  


Selene no respondió de inmediato. Miró sus manos sobre el regazo, los dedos que habían recorrido las teclas del Tenerius esa misma noche, y pensó en el viernes que no iba a ocurrir, en Erhan; en los fines de semana en el consultorio médico y en el tanque de nutrientes. En la casa vacía y en su pequeño jardín. En esas cosas, aunque mínimas, que hicieron parte de su vida y ya no estarían.  


—Yo nunca tuve eso — dijo, en voz más baja —. Nací sabiendo lo que era y cuánto tiempo me quedaba, y cada día que pasaba era un día menos, lo sabía, y aun así intenté encontrar algo que fuera mío antes de que se acabara. — Se detuvo, miró a Blake, sin saber si era a él o algo más. —. Me hizo feliz el piano, era mío. Las sesiones con Erhan eran mías. Esta noche el escenario fue mío Y no sé si eso es suficiente o si debería serlo, pero es todo lo que tengo. 

Blake la escuchó sin interrumpir, con la vista al frente y las manos en los controles, y en el silencio que dejó cuando ella terminó. No era fácil saber que pensaba Blake, entre su rostro mugriento, las expresiones de dolor y la apariencia desdichada, no facilitaban la tarea de comprenderlo, por lo que el silencio que le siguió hasta que hablo, se sintió extrañamente eterno.  


—Es más de lo que tiene la mayoría — dijo al fin. 

—No se siente así. 


—No tiene por qué sentirse así para serlo. 


Selene lo miró de reojo, buscando en esa respuesta algo que le dijera si era verdad o simplemente lo que ella necesitaba escuchar, y no encontró ninguna de las dos cosas con claridad porque Blake miraba al frente con la expresión de quien ha dicho lo que es y no tiene intención de adornarlo. El aerodeslizador pasó junto a una pantalla que mostraba el mapa de la colonia con los sectores rojos extendiéndose hacia el segundo anillo, y luego junto a otra con la fotografía de Selene y debajo la palabra desaparecida, y ninguno de los dos dijo nada. Prefiriendo la ignorancia, la misma que la había llevado a ella a repetir la misma pregunta durante toda la noche y ninguna respuesta le convencía por más que lo intentara.  


—¿Por qué me salvaste? Y no me digas que porque te lo pedí. Eso no es suficiente razón para lo que hiciste. 


Blake tardó más que antes. Las luces del puerto aparecieron al fondo, la terminal de carga con sus niveles iluminados y el movimiento constante de las plataformas de descarga, y sus diversos droides de carga y descarga recorriendo la extensión del espacio hasta parecer meras luciérnagas parpadeantes.  Las miró un momento con la expresión de quien está midiendo la distancia que falta antes de responder, antes de llegar y salvarse de continuar con la conversación.  


—Estuve en esa habitación contigo — dijo —. Vi el piano, el cuaderno, las marcas en el brazo. Escuché lo que me dijiste y no lo olvidé, aunque tendría que haberlo olvidado porque no era parte del trabajo. — El tic en el ojo no hizo más que obligarlo a parpadear y de ese simple gesto, una pequeña lágrima salió —. Hay casos que se quedan en el trabajo y hay casos que no. No sé explicar la diferencia. Solo sé que este no se quedó.  

—Eso no responde la pregunta. 


—No — admitió Blake —. Pero es lo más cercano a una respuesta que tengo. 


Selene procesó eso en silencio, mirando el puerto acercarse con sus luces constantes e indiferentes, y en algún punto entre una cosa y la siguiente dejó de buscar una respuesta. Porque algo en lo que Blake había dicho tenía el peso de las cosas verdaderas, ese peso que no necesita ser elegante para ser real. No era una declaración ni una promesa. Era simplemente la palabra de un hombre que había decidido, aun sin comprender porque de ellas y por qué ella valía el esfuerzo. Y eso, en toda su sencillez, era más de lo que nadie le había dado en toda su existencia.  


—No sé si es suficiente para mí —añadió ella luego de limpiarse el rostro. — El querer seguir. No sé si lo es. 


—Lo estás haciendo de todas formas — dijo Blake. 

 

Selene sonrió tímidamente ante sus palabras, observándolo con ese aprecio que no sabía cómo nombrar todavía, hasta que el aprecio se convirtió en sorpresa y la sorpresa en miedo cuando la luz detrás de Blake, pequeña al inicio, fue creciendo en el cristal con la lentitud específica de las cosas que van a ser devastadoras antes de que el sonido lo confirme. El impacto llegó antes que el dolor, y entre medio, su grito: —¡Blake! 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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