El Tormentoso Despertar- Parte 1
- Andres Felipe Gomez Montoya
- 9 nov 2023
- 4 min de lectura
Actualizado: 28 mar
Las oscuras noches de Karrnath fueron testigos del incesante clamor por la batalla, ejércitos de zombies y esqueletos al servicio de esta gran nación hacían ofensivas sin parar y sin mostrar el más mínimo indicio de cansancio, rivalizando con las filas de forjados de otras naciones y superando a las cuadrillas de aquellos aun en vida que, cansados físicamente y desmoralizados, no eran una amenaza en nuestras tierras.
Muchas de las familias de granjeros y leñadores buscaban replegarse hasta las grandes ciudades en huida de aquellas pequeñas batallas que se daban en sus tierras, entre ellas mi padre y mi madre, jóvenes y enamorados decidieron huir hacia bosques más al norte y en su camino, en un templo abandonado, vieron nacer a sus trillizos. fueron largas noches en vilo, buscando un lugar alejado de este conflicto, pero el esfuerzo y la paciencia dieron frutos, formaron un hogar en una pequeña comunidad cercana al bosque Monte sombrío y allí pudieron reconstruir un poco la confianza que habían perdido, mi madre aporto a la comunidad sus conocimientos sobre hierbas y medicina y mi padre era un gran cazador y leñador, durante la niñez, nosotros los trillizos atendimos con vehemencia la autoridad de nuestro padre y las enseñanzas que nos impartían nuestra madre y el sabio del pueblo, como hermanos fuimos unidos y nos protegimos mutuamente.
Los leñadores del pueblo solían reunirse en las noches en torno a una inmensa fogata a contar historias a los niños y mujeres de la comunidad, en ocasiones nos asustaban con sus relatos, pero en general era ingeniosos y asombrosos, una que nos llamaba mucho la atención era la historia de la gran bestia de madera para la cual nuestro padre cubría parte de su rostro con trozos de corteza y abría sus ojos lo que más podia para tratar de asustarnos, después de un par de veces de escucharla ya no causaba miedo pero si un poco de gracia ver como mi padre continuaba intentando asustar a los más chicos.
Durante las tardes soleadas mis hermanos y yo solíamos jugar con cubetas repletas de agua helada, era como vivir en el paraíso, salvo aquella tarde en la que vimos aparecer por el linde del bosque una figura humana que se deformaba en la vision ante el aire caliente y el intenso calor, caminando lentamente se acercó a nosotros, yo protegiendo mis ojos del sol con una mano intente discernir de quien se trataba mientras escuchaba la voz de auxilio de esta persona. Se trataba de uno de los compañeros leñadores de mi padre, tenía sus ropas rasgadas con restos de sangre, a la mano izquierda le faltaban todos los dedos y desde cada uno dejaba un delgado hilo de sangre sobre el pasto, camina con dificultad y antes de desplomarse nos dio una mirada de terror. Me acerque con temor y con su boca repleta de sangre y una voz ahogada por el líquido vital nos alertó sobre un gran peligro -¨La gran bestia, la bestia de madera¨- Dijo justo antes de morir.
Tras la alarma todos los habitantes nos refugiamos en el templo del pueblo, fortificaron las puertas y cerraron las ventanas, varios vigias se apostaron en el techo del edificio y angustiosamente esperamos, mi madre trato de ser valiente y contener las lágrimas por tanto tiempo como pudo, pero temía por la vida de mi padre y rompió en llanto, en ese momento me sumergí en una tristeza e impotencia profundas que me causaron un dolor punzante, este dolor surgía de lo que parecía ser una marca de diversos colores apareciendo sobre la piel de mi pecho, no pude aguantar y ahogue un grito con fuerza que se ocultó con el sonido de un trueno, este que anunciaba una poderosa tormenta. El dolor persistía y logró doblegarme hasta dejarme de rodillas, de pronto una niebla grisácea comenzó a emanar de mis poros y cubrió rápidamente todo el piso del templo, bajo los ojos asombrados de todos los allí presentes las velas se encendieron y algunas ventanas se abrieron rompiendo las tablas con las que estaban tapiadas, cerré los ojos en agonía hasta que el dolor desapareció, lentamente me puse de pie y abri los ojos para darme cuenta que ya no me encontraba en el templo sino en pleno bosque bajo una lluvia ligera que aumentaba rápidamente, a unos pasos de mi llamo mi atención la luz de una antorcha tirada en el suelo, camine hacia ella sobre la mojada y helada hierba, el frio era intenso pero se componía más de temor que de un factor climático, al lado de la antorcha yacía un cuerpo boca abajo y al acercarme lo descubro con desconsuelo, mi padre, con su hacha aun apretada entre sus dedos, me paralice y lo único que pude hacer fue decir -¨Padre, levántate, tengo miedo¨- no hubo respuesta.
Después de componerme lo suficiente como para pensar claramente, me acerque y le di vuelta, alcance a dar dos pasos hacia atrás antes de tropezar y caer sentado, en shock, sin movimientos, sin palabras, la lluvia cubría mi rostro y estaba ante el cuerpo sin vida de mi padre con sus ojos abiertos y expresando terror, sus labios no estaban, habían sido arrancados y esto dejaba ver sus dientes como si se tratara de un esqueleto, lo único que pude hacer fue correr hacia el bosque.


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